Las mujeres asumen la culpa

Las mujeres asumen la culpa

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Sentirse culpable parece un comportamiento exclusivo de las mujeres, más aún cuando tienen hijos y responsabilidades financieras. Según la psicóloga Izabel Santa Clara, ese sentimiento negativo surge de la pretensión que existe de alcanzar la perfección y, cuanto mejor una persona quiere ser, menos errores ella admite.

Ella aclara también que, a pesar de que la estructura familiar de hoy en día ha cambiado, las mujeres aún continúan sintiéndose las principales responsables por sus hijos, marido y matrimonio. “Pienso que incluso durante un período de relación entre madre e hijo, la culpa y la maternidad son indisociables. Debemos considerar que las mujeres adoran asumir responsabilidades y, consecuentemente culpas, que no son suyas.”

El origen de esa culpa es la cultura, pues se atribuye a la madre la función de ser proveedora de la felicidad de los hijos. Ella es considerada además de una referencia de afecto, también una educadora. “Pero cuando esa felicidad, por alguna razón, es quebrada o no sucede, la madre se siente culpable”, ilustra Izabel.

Esa cultura de afirmar y de exigir las distintas funciones de una mujer hace que se generen situaciones complicadas a diario. “Las múltiples tareas femeninas producen circunstancias aún más angustiantes, como la falta de tiempo y de disposición para estar con los hijos, debido al estrés y a la sobrecarga de trabajo, potenciando el sentimiento de culpa.”

Ser mujer es diferente de ser culpable

Para lograr convivir con los problemas sin sentirse culpable, lo mejor que se puede hacer es identificar el origen de esa lástima. “Si es una exigencia realmente suya, por hallar que no está siendo lo suficientemente buena de acuerdo con sus valores personales, sociales y religiosos, el camino es reevaluarlos. Los nuevos valores están siendo aumentados por el papel de la mujer, quizás haya llegado la hora de repensar valores antiguos en contraste con esos nuevos”, enseña Izabel.

Otra forma es saber dividir la responsabilidad con el compañero, para que los problemas también sean repartidos. “Primero la mujer debe dejar de lado la omnipotencia de que la responsabilidad de la relación conyugal y familiar es solamente de ella y comenzar a creer que el hombre no es solamente el proveedor. Esa relación de hombres y mujeres dividiendo las tareas de la casa, las cuentas familiares y los cuidados de los hijos debe ser aprendida diariamente, pues es una postura relativamente nueva.”

Después de aprender a no ser omnipotente y dejar de cobrarse es necesario tener otro cuidado: “Ella no puede dejar que el sentimiento de culpa vuelva a tener lugar en su vida. Eso es un proceso de aprendizaje diario, que necesita ser cultivado en la relación y en las cosas más elementales del día a día”, finaliza la psicóloga.

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