La voz de la fe no deja espacio para las dudas ni el miedo

La voz de la fe no deja espacio para las dudas ni el miedo

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Hablarle de fe a un hombre natural no es fácil. No se puede explicar, porque, no se trata de algo palpable, aunque sea muy concreta. Para aquellos que la poseen, para los que creen, las explicaciones son prescindibles. Simple para algunos, una locura para los demás.

Como está escrito en la Biblia: Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios.”  1 Corintios 1:18

El obispo Edir Macedo afirma, en sus prédicas, que la fe es la voz de Dios dentro de nosotros. Y solo quien ya tuvo una experiencia con esa voz, la voz de la fe, es capaz de comprender.

En un mensaje reciente, el obispo explicó que cuando manifestamos la fe, sucede algo invisible a los ojos humanos: “Nuestro cuerpo brilla y llama la atención de Dios. Y no hay nada en este mundo que pueda impedir que esa luz llegue hasta Dios, la luz de la fe.”

Ellos escucharon esa voz

Fue por haber escuchado esta voz que Abraham tuvo el valor de dejar su tierra y su parentela en dirección a una tierra que Dios le mostraría; que Noé, incluso siendo el centro de las burlas, pasó años de su vida construyendo un arca que lo salvaría a él y a su familia del diluvio; que Jocabed, madre de Moisés, tuvo el coraje de poner a su hijo en un canasto y dejarlo en el río Nilo -más tarde lo encontró la hija de faraón; que el propio Moisés, años después, renunció a las regalías de Egipto para convertirse en el libertador de Israel; también fue por escuchar esa voz que María, aún virgen, aceptó el desafío de ser la madre de Jesús, sin miedo de quedar mal y de ser abandonada por José, su futuro esposo, al descubrir que ella estaba generando un hijo que no era de él.

¿Cómo explicar?

Todo eso, a los ojos humanos, es locura. Pero para quien oye esa voz es obediencia. Entonces, la persona actúa con la plena convicción de que está haciendo lo correcto. “La voz de Dios dentro de nuestro pecho no permite dudas, miedos, no mide sacrificios. La voz de Dios dentro de nosotros hace con que nos agigantemos frente a todas las circunstancias”, destaca el obispo.

Esa voz, que es la voz del Espíritu del Altar, hace a la persona vencer cualquier situación, cualquier obstáculo. Nada, ni la muerte, es capaz de resistir a esa voz.

Lo mismo sucederá con usted cuando escuche esa voz. Ella lo guiará y le dará el coraje necesario para obedecerla.

Por eso, la Hoguera Santa del Monte Sinaí no es para todos, es para los que creen, los que escuchan y obedecen la voz del Altar. Participe. Sepa más en una Universal cercana a su casa.