“La tristeza desapareció y surgió en mí una alegría desconocida”

“La tristeza  desapareció y surgió en mí una alegría desconocida”

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Todo tipo de depresión es grave y puede llevar a la muerte a los que la padecen. Sin embargo hay algunos tipos de los que poco se habla, como la depresión posparto. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) es un trastorno mental que “afecta a una de cada seis mujeres y se caracteriza por una tristeza persistente; y por la pérdida de interés en las actividades que normalmente se disfruta. Así también como por la incapacidad para llevar a cabo las actividades cotidianas, durante al menos dos semanas”.

Gabriela Ibañez era hija de padres separados, desde los tres años. Sufrió en silencio desde chica.

Se casó para escapar de la situación de su familia, pero su vida no mejoraría: “Desconocía lo que era el amor, así que las peleas, y todo eso, eran normales para mí.
Nació mi segunda hija y tuve depresión posparto. En ese momento lo viví de forma traumática, de eso no se hablaba. No dormía durante días, me angustiaba, porque mi marido no estaba conmigo. Mis amigos y mi familia no entendían nada. De un día para el otro, yo había cambiado. Me daba miedo lo que me pasaba. No sabía qué hacer.
Me llevaron un neurosiquiátrico, estuve internada durante siete días. Llegué dormida, la imagen fue difícil, los pacientes del lugar, estaban realmente mal. Quería irme, lo único que pensaba era en cómo salir de ese lugar. Después me atendieron y la psiquiatra me dio medicación”.

Los síntomas de la depresión posparto
-Tener problemas para crear un vínculo emocional con su bebé.
-Dudar constantemente de su capacidad de cuidar al bebé.
-Pensar en hacerse daño a sí misma o a su bebé.
-Comer demasiado o muy poco.
-Aislarse de amigos y familiares.

Superar la depresión es posible
Una amiga y mi mamá oraban por mí. En un momento, sentí una fuerza que nunca había experimentado, sé que fue Dios. De repente quería estar con mis hijos, fue increíble.
Comencé a participar de las reuniones de la Universal. Hice todo lo posible por recomponer mi familia, pero mi esposo no quería saber nada. Finalmente decidí separarme, para luchar por mí.
A partir de ese momento sentí alivio y me entregué a Dios. Tuve que empezar de cero, no tenía trabajo.
Me preparé, estudié y me recibí de martillera. Estoy armando mi propio emprendimiento inmobiliario. Superé la depresión, dejé atrás el pasado, tengo buena relación con mi ex y mis hijos”.

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