La propia bendición

La propia bendición

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¿Sabía usted que Dios no quiere solo darle una bendición? Él quiere que usted sea la propia bendición, así como Él lo hizo con Abraham.

“… y serás bendición.” Génesis 12:2

Cuando la persona es la propia bendición, todo lo que hace resulta bien, ella se torna luz. ¿Ha notado que la luz no da vueltas? ¿Que la luz no anda en círculos? La luz anda en línea recta. Por eso, cuando Dios comenzó la Creación, lo primero que hizo fue la luz.

“Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz.” Génesis 1:3

Entonces, cuando usted es la propia bendición, usted es luz. Donde llega, ilumina, porque llega también la paz, la alegría, la bendición.

Dios está buscando a personas, inclusive a las más sufridas, perdidas, desorientadas, problemáticas, para transformarlas en luz, transformarlas en la propia bendición para que el mundo vea que Él es grande, el Todopoderoso, y reconozca la existencia de Dios en esa criatura.

Pero la realidad es que, a pesar de que muchos digan que quieren ser esa bendición, no todos quieren pagar el precio. No todos quieren hacer realmente la voluntad de Dios.

Las personas quieren hacer la propia voluntad, seguir los deseos del corazón, pero no quieren dar oídos a la Voz de Dios que es Su Palabra, por eso sufren.

Sin embargo, Dios todavía sigue buscando a esas personas. Pero Él no entra en la vida de alguien de cualquier manera, no derriba la puerta y entra, ¡no! Dios es educado, es cortés, no transgrede nuestra voluntad. Entonces, usted tiene que permitir la entrada de Él en su vida.

“He aquí, Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye Mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él Conmigo.” Apocalipsis 3:20

¿Ya imaginó a Jesús dentro de usted?
¡La paz, la alegría, la bendición van a llenar su vida por completo!

Para eso, basta que usted renuncie a su voluntad, a sus deseos y sueños personales por la causa del Señor Jesús. De esa forma, usted estará honrando a Su Santa Persona. Honrar a Dios es priorizarlo en su vida.

¡Y eso solo depende de usted! No tiene que pagar, no tiene que hacer fila, no tiene que hacer un curso de teología.

Cuando usted honra a Dios con su vida, con su fe inteligente, Él también le honra con el descenso del Espíritu Santo, es decir, Él hace de usted la propia bendición.

“… porque Yo honraré a los que Me honran, y los que Me desprecian serán tenidos en poco.” 1 Samuel 2:30

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