La palabra profética

La palabra profética

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La profecía es uno de los dones del Espíritu Santo, pero este don, conforme al apóstol Pablo explica en 1 Corintios, cáp. 14:3, habla a los hombres edificando, exhortando y consolando. Recuerdo a personas que vivían basados en profecías, incluso pastores.

Particularmente, recuerdo a un pastor. Ese pastor era una persona muy honesta, sincera y, a veces, profetizaba. Hoy, ese pastor tiene su familia destrozada. Su esposa fue para un lado y él para otro. No sé adónde él se encuentra. Quien lee el capítulo 37 del Libro de Ezequiel, entenderá mejor sobre profecía e incluso podrá entender que es la Palabra de Dios. “Profetiza sobre estos huesos, y diles: Huesos secos, oíd palabra del Señor”. Esto significa que Dios mandó al profeta Ezequiel a profetizar al valle de huesos secos.

Primero Dios lo llevó en espíritu al profeta Ezequiel para andar en medio del valle de huesos secos y después le preguntó: “Hijo de hombre, ¿vivirán estos huesos?”. Y él respondió: “Señor Dios, Tú lo sabes”. Entonces Dios le ordenó: “Profetiza sobre estos huesos, y diles: Huesos secos, oíd palabra del Señor”.

El profeta Ezequiel comenzó a hablar con los huesos secos lo que Dios haría, él estaba profetizando la Palabra de Dios.

Cuando nosotros predicamos la Palabra de Dios, estamos profetizando. Usted ya fue a varias iglesias, ya oyó a varios pastores, pudo notar que hay pastores que hablan en el espíritu, y hay otros que hablan con el espíritu.

La profecía es la prédica de la Palabra de Dios, el valle de huesos secos es el mundo lleno de gente sufrida, desesperada, gente religiosa, pero que no tienen nada con Dios. Él quiere que profeticemos al mundo, diciéndole a toda la gente que Él existe y quiere salvarla. Ese es el espíritu de la profecía. Esta es la profecía auténtica, real, la profecía de la Palabra de Dios.

Si usted ve a una persona desesperada y le dice que para solucionar sus problemas basta entregarle su corazón al Señor Jesús, usted está profetizando. El propio Dios dice “… invócame en el día de la angustia; te libraré, y tú Me honrarás” (Salmos 50:15). Dios nos invita a invocarlo en el día de la angustia.

Tal vez usted pregunte: “¿Por qué Dios quiere que Lo invoque si sabe lo que está pasando en mi vida?” Es verdad, Dios sabe, pero Él no puede transgredir una ley que Él mismo instituyó: la del libre albedrío. La ley del derecho que todos tienen de elegirlo. Como una opción para la salvación. Es necesario que usted diga: “Tengo necesidad de Ti, Señor”, de esta forma, Él podrá ayudarlo.

Dios nos conoce mejor que nosotros mismos, pues fue Él quien nos creó, sin embargo, solo puede ayudarnos en el momento en que Lo invocamos de todo el corazón.

En este momento lo que escribo es una profecía, pues es la palabra profética, es la Palabra de Dios que está escrita en la Biblia. Dios oye nuestro clamor, atiende nuestra súplica, y nosotros Lo glorificamos a través de adoraciones, ofrendas espirituales y ofrendas para Él. Este es el camino que le hará encontrar a usted la solución de sus problemas.

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