La humildad de espíritu

La humildad de espíritu

Por

1

Estando yo en el Espíritu en el día del Señor…” Apocalipsis 1:10

“Cuando hablamos de estar en espíritu, requiere renuncia. El apóstol Juan estaba exiliado en la isla de Patmos, a causa de la Palabra de Dios y del testimonio del Señor Jesús. La fe cristiana exige un estado de humillación para que podamos conocer la voluntad de Dios.” Esto fue lo que destacó el obispo Macedo durante la Concentración de Fe y Milagros realizada el pasado domingo 17, en la Iglesia Universal del Reino de Dios de Lisboa, en Portugal.

Usando el ejemplo de Juan, el obispo Macedo señaló que son las luchas y las humillaciones las que revelan el poder de la fe, “Cuando usted es perseguido, al igual que lo fue Juan, ¿cuál es su pensamiento? ¿Usted se siente cómodo con la situación? Jesús dijo que cuando fuésemos perseguidos por Su causa deberíamos alegrarnos, pero en la práctica,  eso no sucede. Siempre nos quedamos indignados con la situación, como Juan, que quedó indignado en su espíritu.”

El obispo destacó que aunque muchos han visto el poder de Dios, continúan siendo desobedientes a Su palabra. “Él permite las situaciones difíciles en nuestras vidas para probar la fe de cada uno. Juan estaba solo, pero esos fueron los momentos más importantes de su vida, porque allí recibió la revelación, la visión del futuro y vio cosas que sólo le fueron mostradas a él. Estar en espíritu depende de su entrega, depende de que usted se distancie de las cosas que desagradan a Dios, pues, mientras nosotros seamos desobedientes, nuestros sentidos terminan hablando más fuerte, nuestros ojos están atentos a murmullos inútiles, y por ese lado, es imposible escuchar la voz de Dios. Sólo logra escucharla quien tiene sus pensamientos 100% volcados a Dios.”

Él explicó que esa era la situación de Juan. “Él estaba sufriendo, estaba afligido, atribulado, gimiendo en la carne, lo cual hizo que se humillara en la carne y pudo oír nítidamente la voz de Dios. Nosotros tenemos que ser humildes, pues la palabra de Dios afirma: “Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.” Mateo 5:3

Muchos, en el momento del desierto niegan su fe y no son humildes. “Eso muestra que no están habilitados para entrar en el Reino de Dios, pero para que eso suceda es necesario  que seamos fuertes. Tenemos que ver el Reino de Dios como la tierra prometida”, concluyó el obispo.