La gratitud de quien cree en Dios

La gratitud de quien cree en Dios

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La gratitud es el reconocimiento que se puede ofrecer por algo que se recibió. Ser agradecido es una cualidad de quien cree en Dios y sigue las enseñanzas del Señor Jesús. Quien es agradecido se renueva cada día en sus oraciones, agradeciendo estar vivo.

Porque la gratitud también puede transformar a una persona. Incluso aquel que no espera nada a cambio al tomar una actitud para con el prójimo, cuando escucha un “muchas gracias”, sabe, en ese momento, que le dio lo mejor a alguien.

Y, quien es agradecido, también – aunque no haya pedido ayuda o no se haya lamentado antes – cuando recibe una mano extendida, sabe que no está solo y obtiene la confianza necesaria para seguir adelante, por eso, agradece.

Mirad que ninguno pague a otro mal por mal; antes seguid siempre lo bueno unos para con otros, y para con todos. Estad siempre gozosos. Orad sin cesar. Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.”, (1 Tesalonicenses 5:15-18).

Ser agradecido es afirmar el propósito de Dios para con nosotros. Es entender que cada detalle del día fue cuidado por Él para que fuera lo mejor para cada uno de sus hijos. Ante una dificultad se observa un gran cambio, un milagro en nuestras vidas.

Yendo Jesús a Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. Y al entrar en una aldea, le salieron al encuentro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos (…) Cuando él los vio, les dijo: Id, mostraos a los sacerdotes. Y aconteció que mientras iban, fueron limpiados. Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió, glorificando a Dios a gran voz, y se postró rostro en tierra a sus pies, dándole gracias; y éste era samaritano.

Respondiendo Jesús, dijo: ¿No son diez los que fueron limpiados? Y los nueve, ¿dónde están? ¿No hubo quien volviese y diese gloria a Dios sino este extranjero? Y le dijo: Levántate, vete; tu fe te ha salvado.”, (Lucas 17:11-12 y 14-19).

Los otros nueve fueron curados de sus enfermedades físicas, pero el extranjero fue salvo, pues, además de ser curado, él creyó en Dios, y eso lo llevó a regresar y agradecer la bendición que le fue concedida.