La gloria del hombre

La gloria del hombre

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20150901Nadie va al médico si no está enfermo.
Nadie busca luz si no está en la oscuridad.
Por más intensa que sea la luz, no se resuelve el problema del ciego.
Por más alto que sea el sonido, no se responde a la necesidad del sordo…

Nadie puede ser salvo si no se considera perdido.
Nadie conoce al SEÑOR Dios por casualidad.
Tiene que existir una razón por la cual la criatura Lo busque y Lo encuentre.

Job era perfecto, recto, temeroso del Señor y apartado del mal.
Respondía a las exigencias espirituales y morales que agradaban al SEÑOR.
Pero no Lo conocía.

Fue necesario el permiso Divino para que el diablo lo hiriera y se creara la necesidad de conocer la Grandeza del SEÑOR, en el que Job creía, pero a Quien no conocía.
Y esbozara la necesidad de Salvación.

¿El diablo ayudó al Señor?
No. Pero Dios aprovechó el mal para hacer el bien.

Los envidiosos hermanos de José lo vendieron como esclavo.
Intentaron el mal contra él. Pero Dios lo convirtió en bien para salvar a mucha gente.

Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo. Génesis 50:20

La estupidez satánica creó las condiciones necesarias para que Job conociera a Dios.

El diablo continúa siendo estúpido.
Crea la misma situación de desesperación para la humanidad.
Pero esta ha desperdiciado la oportunidad de creerse perdida para buscar Salvación.

Dios es el mismo, el diablo es el mismo y la humanidad es la misma.
Dios continúa queriendo salvar y proporcionar vida de calidad y eterna.
El diablo continúa queriendo matar, robar y destruir.
El ser humano continúa perdido en sus dilemas físico-emocionales y se olvida de lo espiritual.

Así dijo el SEÑOR: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que Yo Soy el SEÑOR, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice el SEÑOR. Jeremías 9:23-24