La fe y la oración, marcaron el rescate de los 33 mineros de Chile

La fe y la oración, marcaron el rescate de los 33 mineros de Chile

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Un año después del drama que conmovió al mundo, el pastor que estuvo al frente a un grupo de apoyo espiritual de los familiares de las víctimas, cuenta partes de la historia que la prensa no publicó.

El día 13 de octubre del 2010, los ojos de miles de personas del mundo entero estaban observando únicamente a Chile. Por la TV, todos seguían atentos el dramático rescate de los 33 mineros que quedaron enterrados durante 69 días, en la mina San José, en el desierto do Atacama, 700 metros bajo tierra.

Algunos de los hechos que marcaron el detrás de escena de esta historia, ignorados por la gran prensa, se describen en un libro lanzado recientemente. Se trata de los relatos personales del pastor Carlos Parra Díaz (foto), elegido como capellán del “Campamento Esperanza” – que le da nombre a la obra –, movimiento que ofreció apoyo espiritual a las familias de los trabajadores enterrados.

“Es difícil negar que la oración, la fe y  la intervención divina ejercieron un papel tan importante en la supervivencia y salvataje de los 33 mineros enterrados, como la extraordinaria habilidad científica de los técnicos y la implacable determinación de los equipos de rescate”, destaca el pastor.

Él afirma que aunque el drama repercutió en los periódicos del mundo entero y haya llegado a ser seguido por billones de personas en todo el planeta, pocos tuvieron el privilegio de ver los pequeños y los grandes milagros de esta historia – como el hecho de que hubiera una roca favorablemente posicionada en el camino para el equipo de perforación.

“Muchas personas no se limitaban a seguir las noticias; siguieron el día a día, también orando. Y sus oraciones fueron escuchadas. Finalmente, los 33 mineros emergieron de la profundidad de la mina de San José y sus testimonios no dejaron dudas de que había alguien más entre ellos – una presencia divina”, señala Díaz.

“Dios nunca nos abandonó”

Durante los días que estuvo ofreciendo acompañamiento espiritual a las familias de los mineros, el pastor consiguió un permiso para ayudar a los hombres enterrados para que no perdieran la fe, enviando una Biblia Sagrada para cada uno, como parte del kit de sobrevivencia.

Uno de los mineros rescatados, después de haber restablecido el contacto con la superficie, pero antes que fuera sacado definitivamente, declaró: “Aquí somos 34, porque Dios nunca nos abandonó.”