La Fe Sacrificial

La Fe Sacrificial

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“Y el Señor dijo a Abram: Vete de tu tierra y de entre tus parientes, y de la casa de tu padre, a la tierra que Yo te mostraré. Haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendigan, y a los que te maldigan maldeciré, Y en ti serán benditas todas las familias de la tierra.” Génesis 12 1-3

Vete de tu tierra…

¿Qué tierra era esa? ¿Qué era lo que Abram tenía allí? Todo. Su casa, su ganado, sus posesiones. Abram era inmensamente rico, era el señor de esa tierra. Si él no hubiera sido una persona de fe habría dicho: “Tengo todo aquí, ¿hacia dónde iré?”

… de entre tus parientes…

A los parientes siempre les gusta opinar.
A veces la persona les cuenta lo que Dios le pidió y ellos dicen “¡Cuidado!”, porque les parece una locura lo que la persona va a hacer.

… y de la casa de tu padre…

Abram era el primogénito y todo lo de su padre le pertenecía.
¿Y por qué Dios le pedía eso?
Porque esa es la fe que Él quiere que tengamos: la FE SACRIFICIAL.

Abraham podría haber dicho, “Aquí tengo todo.”
Pero él salió a pesar de que el Señor ni siquiera le dijo hacia dónde iría: “… a la tierra que Yo te mostraré.”
Abraham no preguntó nada, solo obedeció.
En esa época no había transportes, él tuvo que tomar a su familia y salir caminando.

Solo después Dios le dijo que iría hacia la tierra de Canaán, pero primero él tuvo que obedecer.
Y después Dios le hizo la promesa: “Haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición.”

Para que Dios haga eso tenemos que abandonarlo todo.

El padre y los parientes de Abraham eran idólatras, ¿cómo iba a poder bendecirlo si no los dejaba?
Para que Dios bendiga uno tiene que estar dispuesto a pagar el precio. Abandonar su querer para hacer lo que Él quiere.
Él no quiere que la persona sea solo bendecida, Él quiere que la persona sea como Abraham, la propia bendición. Pero, para que eso suceda, ella tiene que estar dispuesta a abandonar todo lo que estorbe su comunión con Dios.
¿Cómo Dios le va a dar Su Espíritu si la persona está apegada a otras cosas? Si no abandona el pecado, la mentira, la malicia, demuestra que no Lo está colocando en primer lugar.

“Bendeciré a los que te bendigan, y a los que te maldigan maldeciré, Y en ti serán benditas todas las familias de la tierra.”

¡Vea el poder que la persona tiene cuando es de Dios!
Si alguien la maldice, ese alguien es maldecido por Él.

Abraham creyó y obedeció porque cuando uno cree ¡obedece!
El apóstol Pablo dijo: “Por la fe Abraham, al ser llamado, obedeció, saliendo para un lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber adónde iba.” Hebreos 11:8

Dios lo llamó porque tenía que hablar con él. Nadie podía escuchar ni opinar.
Quien cree obedece sin pedir consejos. ¡Lo dice la Palabra de Dios y listo!
No está preso a nada ni a nadie.
Y es entonces cuando no solo es bendecido, sino que se transforma como Abraham en la propia bendición.

Hoy, todos los que creemos, somos descendientes de Abraham.
Con él comenzó nuestra Salvación.
De Abraham Dios hizo una gran nación. De esa nación surgió el Señor Jesucristo y de Él vino nuestra Salvación.

Si la persona entrega su todo en las manos del Señor como lo hizo Abraham, esa promesa se cumple en su vida y ella recibe la plenitud de Su Espíritu.
Si la persona quiere ser como Abraham, tiene que ser como él fue, tiene que obedecer a la voz de Dios, ¡tiene que estar dispuesta a salir!

Piense en esto.