La distraída

La distraída

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L a señora Viviane Freitas, resalta que ser distraída no es motivo para vivir estancada: “Cuando oímos las frases ‘Siempre estás distraída, perdés todo; solo no perdés la cabeza porque está pegada al cuerpo. Irresponsable, no hacés nada bien’, Podemos reaccionar de diferentes maneras:

– Autocompasión: Es decir, pensar que usted es así y que no tiene remedio.

– Creer que se es víctima de una injusticia: ‘Pero, hice lo que podía; no está tan mal. ¡Qué tristeza!’.

– Indiferencia: “Sí, yo soy así; al que no le guste que no me pida nada”.

Esos pensamientos son inútiles para nuestro crecimiento y además, no nos ayudan en nada.

¿Qué hacer entonces?

Hay dos cosas que necesitamos tener en cuenta para cambiar:

1. Necesitamos detectar lo que no queremos ser:

Esta es la parte más difícil, necesitamos ser humildes para reconocer que nos equivocamos y es ahí que las críticas son óptimas, ya que nos ayudan en el proceso de reconocimiento.

2. Programar lo que queremos cambiar:

Es necesario que nos organicemos para que dejemos los malos hábitos.

3. Hay una regla que me ayuda mucho: ¡No confiar jamás en mi memoria!

Tenemos que luchar contra nuestras limitaciones y encontrar una manera para que nuestra cabeza esté siempre como debe estar: Limpia para absorber lo que Dios nos quiere enseñar.