La cura del comandante

La cura del comandante

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Todos conocen la historia del general del ejército del rey de Siria. Naamán era un hombre muy apreciado por el rey, pues había traído muchas victorias a su pueblo. Él acumulaba medallas que, por cierto, eran respetadas por el pueblo en su tierra. Aunque era un hombre tan importante y con tantas victorias, no pudo escapar de una enfermedad muy cruel: la lepra.

Por ser una enfermedad grave, su espíritu se abatió; él fue humillado por quienes lo rodeaban. A través de una empleada, el general supo que en Israel había un profeta, llamado Eliseo, que podía curarlo. Al saber esto, de inmediato el rey de Siria envía cartas al rey de Israel. Cuando el rey de Israel leyó la carta, se angustió tanto que rompió su ropa, y dijo: ¡Yo no soy Dios! No puedo dar vida ni quitarla. ¿Por qué el rey de Siria me manda este hombre para que lo sane de su lepra?

Cuando el profeta Eliseo se enteró de que el rey estaba tan angustiado, le envió este mensaje: ¿Por qué rompiste tu ropa? Deja que ese hombre venga a verme, para que se dé cuenta de que hay un profeta de Dios en Israel.

Entonces, Naamán fue a la casa del profeta. El general estaba acompañado por soldados y lleno de presentes, pero no fue recibido por Eliseo, y si por su siervo que traía el mensaje para él. El profeta le dijo a Naamán que se zambullera siete veces en el río Jordán y así quedaría curado.

Naamán se indignó, pues el río era sucio, y no quiso obedecer. Pero lo convencieron sus criados de que se zambullera en el río. En ese momento tuvo que despojarse de la prepotencia y descender de su trono de orgullo. Después de zambullirse la séptima vez, el general vio que su piel estaba limpia. Él estaba curado.

No hay peor lepra que el orgullo, pues ese es el que lleva, muchas veces, a las personas a suicidarse, por ejemplo, las personas prefieren la muerte antes que inclinarse y pedir la compasión de Dios.

¿Usted también es una de esas personas? ¿El orgullo lo ha sujetado a los problemas? Si usted quiere liberarse, existe una oportunidad. Cuando una persona se humilla delante de Dios es imposible que Él no escuche. Hasta la peor criatura del mundo es capaz de alcanzar el beneficio de Dios cuando se humilla delante de Él.

El domingo 16, todas las Iglesias Universal estarán orando y humillándose buscando al Altísimo, pues sabemos que el secreto de la victoria por la fe es la humildad, y cuando nos humillamos delante de Dios, Él siempre nos escucha.

Ese fue el mensaje del obispo Edir Macedo transmitido el miércoles por IURD TV y la radio Red Aleluya a todas las personas que desean deshacerse del orgullo y humillarse delante de Dios, y también recibir de Él la mayor de todas las bendiciones, la Salvación.