La “cosa” que faltaba

La “cosa” que faltaba

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Cuando tenemos un objetivo en la vida, existen varios factores que son determinantes para que el mismo sea alcanzado. Pero, si fallamos uno las consecuencias pueden ser catastróficas.

La persona

“Y se puso Jesús en el camino, corrió un hombre a su encuentro, y arrodillándose le preguntó…”

El objetivo

“…Buen Maestro, ¿qué haré para heredar la vida eterna?”

Las condiciones

“Sabes los mandamientos: No matarás, no adulterarás, no robarás, no dirás falso testimonio, no defraudarás a nadie, honra a tu padre y a tu madre.”

La prueba

“Maestro, todo eso lo hago desde mi juventud.”

La “cosa” que faltaba

“Y Jesús, mirándolo, le amó y dijo: Sólo una cosa te falta: ve, vende todo lo que tienes, dáselo a los pobres y tendrás tesoro en el cielo; entonces, ven y sígueme.”

La desilusión

“Pero él contrariado con esta palabra, se retiró triste porque era dueño de muchas propiedades.”

La conclusión de Jesús

“Entonces, Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: difícilmente entrarán en el Reino de Dios los que tienen riquezas(…) ¡Es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja que entrar un rico en el reino de Dios!”

La señal

“Para los hombres es imposible; aún así, no lo es para Dios, porque ¡para Dios todo es posible!” (Mateos 10.17-27).

Esta historia es un ejemplo claro del comportamiento humano con Dios. El joven rico presentó el sacrificio físico – no vivía en pecado – el espiritual – obedecía los Mandamientos – pues los guardaba desde niño, haciendo todo de forma correcta. Y lo mismo acontece con muchas personas que están en la iglesia, pues, igual que el joven rico, en el momento en que se les pide el sacrificio económico, dan la espalda.

Jesús, al pedir al joven rico que vendiese todas sus propiedades, estaba, en realidad,  pidiéndole que revelase “dónde” estaba su corazón, siendo que estaba apegado a sus riquezas. El joven no vivía en pecado, obedecía a Dios, pero no Lo tenía en su corazón, pues confiaba en sus riquezas, en vez de en Dios. Fue el propio joven el que se auto – suspendió, habiendo fallado en la prueba a la que Dios le sometió.

En realidad, cuando deseamos mucho de Dios, como la salvación, o Su Espíritu, Él nos pide una única cosa: nuestro corazón. Pero, muchas veces, nuestro corazón ya está comprometido con nuestras “riquezas”, pues allí dónde está nuestro corazón está nuestra riqueza y eso es lo que Cristo nos pide, ya que de esa forma estaremos aptos para seguirlo, pues sólo así revelaremos que solo Dios es capaz de suplir todas nuestras necesidades.