¡Jesús es el Amén!

¡Jesús es el Amén!

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¿Por qué no sucede la diferencia de vida prometida por Dios en la vida de muchos creyentes?

Son muchas las razones, sin embargo, la más acentuada se debe al hecho de que los que creen se queden esperando que las promesas caigan del cielo. ¡Esa es la mayor razón de la falta de diferencia!

Dios separó a Abraham para hacer de él la diferencia entre él y sus contemporáneos.

Por su parte, Abraham no se quedó parado o esperando que las cosas sucedieran naturalmente. Por lo contrario, él se puso en acción, obedeció y perseveró en seguir Aquella Voz, aquella dirección.

Dios no nos ha llamado solo para que creamos en Su Palabra, sino sobre todo para que tomemos posesión de las promesas y marquemos la diferencia en este mundo. No solo buscar la diferencia, sino ser la diferencia en el día a día.

¿Qué es lo que la persona hace cuando llega a la edad de la jubilación?

¿Espera que el gobierno golpee su puerta y la premie con sus derechos?

No. Ella sabe que el gobierno jamás hará eso, a pesar de saber que tiene sus derechos…

¿Cuál es su actitud? Ella persigue al gobierno con sus requerimientos, etc.

Después de cumplir con el papeleo requerido, entonces el gobierno es obligado a atender sus derechos. Lo mismo sucede delante de Dios. La persona tiene que perseguirlo…

Si no fuera necesario luchar y tomar posesión de las promesas Divinas, no habría necesidad de oración, clamor, vigilias y ayunos.

Cuando el abogado se presenta delante de un juez, en defensa de su cliente, no quiere saber si él o su cliente le agradan al juez.

Él sabe, perfectamente, que el juez tiene que cumplir lo que está escrito en la Ley.
Lo mismo también se aplica con relación a las promesas de Dios.

No importa si merecemos o no. Si presentamos fe, nos tornamos merecedores de las promesas.

Jesús dijo:

“Además os digo, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo sobre cualquier cosa que pidan aquí en la tierra, les será hecho por Mi Padre que está en los cielos.” Mateo 18:19

Por favor, mediten en esta Palabra.

¡Cárguenla dentro de la mente y del corazón todos los días! ¡Y tomen posesión de la diferencia prometida!

En el Nombre del Amén, ¡amén!

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