Hijo de hecho

Hijo de hecho

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Junto a un pozo que le proveía agua a una pequeña y antigua comunidad judía, conversaban tres mujeres. Un anciano se sentó cerca para descansar de una larga caminata. Tomó un poco de agua y se distraía oyendo el diálogo.

Una de ellas se entusiasmó cuando la maternidad se convirtió el tema del momento:

– Mi hijo es muy activo. Es fuerte, corre y salta todo el tiempo.

La segunda madre, no menos orgullosa:

– el mío tiene una voz prodigiosa. Incluso, parece un pajarito, ¡por lo bonito que canta!

La tercera mujer se quedó en silencio. El anciano, curioso, le preguntó:

– ¿Y usted? ¿No tiene hijos?

– Sí, señor. Pero es solo un muchachito normal, como cualquier niño.

Las tres tomaron sus jarros y se los pusieron sobre los hombros, preparándose para llevarlos a sus casas. Pero apenas comenzaron a caminar por la senda que conducía a la villa, cuando tres niños aparecieron en la primera curva.

El primero saltaba por todos lados, y comenzó a subir a un árbol, columpiándose en las ramas.

El segundo cantaba, gesticulando como si estuviera en un escenario, buscando aplausos.

El tercero se dirigió a las tres mujeres. Se detuvo frente a la tercera, le dio un beso en la cara, tomó en sus manos el jarro lleno de agua y lo llevó a su casa.

Las dos primeras mujeres se dieron cuenta que el viejo sabio observó a los pequeños,  y le preguntaron qué les parecieron los niños.

– Acabo de ver a tres niños, pero solo a un hijo.

Una parábola bíblica contada por el propio Señor Jesús combina mucho con este pequeño cuento judío:

“Pero ¿qué os parece? Un hombre tenía dos hijos, y acercándose al primero le dijo: “Hijo, vete hoy a trabajar en mi viña.” 

Respondiendo él, dijo: “¡No quiero!” Pero después, arrepentido, fue. 

 Y acercándose al otro le dijo lo mismo; y respondiendo él, dijo: “Sí, señor, voy.” Pero no fue. 

¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre? Dijeron ellos: – El primero. Jesús les dijo: – De cierto os digo que los publicanos y las rameras van delante de vosotros al reino de Dios.” Mateo 21:28-31

En el cuento, la obediencia y el respeto del niño por la madre demostraron tener mucho más valor que el lazo sanguíneo o parentesco. No fue solo la naturaleza la que actuó.

La actitud del primer hijo de la parábola, también. Al principio, el muchacho cedió al impulso de la carne, la pereza. Sin embargo, el respeto y el amor hacia su padre hablaron más alto. Aunque fue indisciplinado y, al principio, optó por la rebeldía, la razón hizo que le diera prioridad a su papel como hijo de un hombre que podría habérselo ordenado, pero que prefirió pedirle que lo ayudara en la labor.

Mientras tanto, su hermano, le garantizó al padre que lo ayudaría. Pero, en el momento de trabajar…

Él actuó como muchos que se dicen cristianos. Abrir la boca para alabar es fácil. Al decirse cristiano frente a la sociedad gana la aprobación de buena parte de ésta. Pero, en el momento de ser verdaderamente hijos de Dios – en la acción, no solo en el hablar –, abdican de esa condición.

La vida está llena de esas personas que son algo de la boca para afuera. Políticos que se dicen representantes del pueblo, al cual le declararon su amor todos los días, pero en realidad están en un cargo público por su propio beneficio. Cónyuges que juran amor eterno frente al pastor, pero traicionan la confianza del otro o son indiferentes en la cotidianeidad del matrimonio. Empleados que viven considerándose grandes profesionales, pero que solo ponen escusas, en lugar de dar resultados. En el cotidiano cristiano – que es mucho más importante de lo que parece -, pasa lo mismo. Se trata de decirse hijo de Dios y realmente comportarse como tal, no superficialmente, ya que eso es algo muy fácil de encontrar.

La Biblia es una forma inteligente de la manera en que Dios busca enseñarle a todos cómo ser Su hijo de hecho, en la práctica. Además del propio Señor Jesucristo, los buenos ejemplos no faltan: Daniel, Elías, Juan Bautista, Abraham, Ester, Samuel, Moisés y David, solo citando algunos de ellos.

¿Y usted? ¿Realmente es hijo de Dios en lo cotidiano o es solo un creyente más, de la boca para afuera?

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