¿Hay temor en su interior?

¿Hay temor en su interior?

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Entienda que el conceder puede ser peligroso para la vida espiritual con el paso del tiempo

“El temor del Señor es el principio de la sabiduría, y el conocimiento del Santísimo es la inteligencia.” Proverbios 9:10

Medite en las palabras de este versículo. Él afirma que el temor a Dios es el principio de la sabiduría, un conocimiento que no se adquiere a través de libros o estudio, como muchos piensan, sino que se trata de una sabiduría inspirada por el propio Dios. Ser una persona sabia es aceptar y poner en práctica las enseñanzas de las Sagradas Escrituras.

El temor también puede ser interpretado de la manera equivocada: temer a Dios no es tenerle miedo. Todo lo que causa miedo también causa alejamiento, pero Dios nos quiere cerca de Él, como afirma innumerables veces en Su Palabra. El temor mencionado aquí funciona como una especie de freno espiritual, que aparta al cristiano de todo lo que desagrada a Dios.

La falta de temor ha sido la razón por la cual muchos cristianos han caído espiritualmente, porque representa el principio de la caída espiritual. No tener temor a Dios es una brecha a las propuestas del diablo y también es una señal de que la persona se está enfriando en la fe, ya que comenzó en el Espíritu, agradando a Dios, pero se desvió y se siguió perfeccionando en la carne, volviendo a lo que era antes.

Fue lo que les sucedió a los cristianos de Galacia, a los gálatas, que se habían convertido, sin embargo, perdieron el temor y se fascinaron con la conducta y los pecados que contaminaron la fe del principio. El apóstol Pablo los exhortó en su carta, porque estaban cambiando las prioridades y se estaban apartando de Dios, aun estando en la iglesia.

“¡Oh gálatas insensatos! ¿quién os fascinó para no obedecer a la verdad, a vosotros ante cuyos ojos Jesucristo fue ya presentado claramente entre vosotros como crucificado? Esto solo quiero saber de vosotros: ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe? ¿Tan necios sois? ¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora vais a acabar por la carne?” Gálatas 3:1-3

Lo mismo sucede en la actualidad. Muchos, en lugar de estar perfeccionándose en su comunión con Dios, en la lectura de la Palabra de Dios, en la oración y en el ayuno, se están perfeccionando en los malos ojos, en hablar mal de los demás, en dar excusas por sus pecados e incluso se vuelven maliciosos por la falta de temor.

¿Cuántos cristianos, al ser reprendidos por un error, en lugar de aceptar y arrepentirse, se enojan con el que les advirtió? Es decir, están declinando, perdiendo el temor, concediéndole al mal y, de esta manera, están cayendo espiritualmente.

El temor es fundamental para que el cristiano tenga una vida con Dios. Este tema ya fue abordado varias veces por el obispo Edir Macedo en su blog: “El Señor Jesucristo enseña que quien obedece a Su Palabra también Lo ama; y Mi Padre lo amará, y vendremos a él, y haremos con él morada. El que no Me ama, no guarda Mis Palabras.’ Juan 14:23-24”, dijo el obispo, citando la Biblia.

Él explicó que solo el temor a Dios es capaz de frenar los impulsos hacia el pecado y que el Espíritu de Dios ha capacitado a Sus verdaderos hijos para tengan una conducta íntegra, recta y temerosa, al punto de huir del pecado. Incluso alertó sobre cuáles son los peligros espirituales por la falta de temor: “En la falta de temor, incluso llena de fe y conocimientos bíblicos, la persona no logrará mantenerse íntegra ante la facilidad de corromperse. Es decir, no resistirá a los placeres ilícitos y no mantendrá su corazón limpio delante de las injusticias, traiciones y calumnias”, escribió.

El obispo también alertó que, en la ausencia de temor o respeto a la Santidad del Señor, los deseos carnales se acumulan en la mente vulnerable de la persona y luego se transforman en actos pecaminosos.

¿Cómo tener temor y mantenerlo?

Es necesario buscar a Dios y consagrarse a través de oraciones, ayunos y propósitos de fe. Dios debe estar siempre en primer lugar. Al perfeccionarse en el Espíritu, es imposible no tener el temor del Señor en su interior.

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