¿Hay edad para aprender?

¿Hay edad para aprender?

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Entre tantos blogueros que hay en internet, en todo el mundo, una merece más atención. Es la sueca Dagny Carlsson, que, está a punto de cumplir 104 años de edad (en mayo), tiene un blog en que el que cuenta episodios de su día a día y escribe los viajes que hace por su país. Ya tiene más de 1,4 millones de visitantes.

Dagny, que le gusta ser llamada por su apodo Bojan, es la prueba de que no existe edad para aprender cosas nuevas. Vio de cerca una computadora por primera vez a los 93 años. Le gustó, pero aún no había cursos de informática para la tercera edad. Cuando surgieron, se matriculó y en un poco tiempo ya estaba dando clases. Hoy en día, llama la atención sobre cómo tratan a los ancianos cuando se trata de tecnología:

“Los ancianos no son tan estúpidos como la sociedad piensa. Es necesario cambiar ese concepto. Las personas mayores son tratadas, por lo general, como si fuesen niños o como si fuesen idiotas. Le dicen a los ancianos: “no entiendes esto”; “mi viejo”, y cosas así. Yo les digo que los ancianos merecen más respeto”, declaró ella a la BBC.

La bloguera vive sola y, por eso, resalta que escribir es tan importante para ella. Viuda, no tuvo hijos y, después de 100 años de edad, logró realizar el sueño de la juventud: ser escritora.

El apoyo a las personas mayores

Como Dagny, muchos ancianos viven solos. La mayoría siente que faltan proyectos sociales que los ayude a descubrir y aprender cosas nuevas, a mantenerse saludables física y espiritualmente, que ofrezcan ocio.

La Universal, entendiendo el respeto que le debemos a los ancianos y comprometiéndose a actuar en beneficio de ellos, lleva a cabo diferentes proyectos sociales a través del grupo Caleb, en varios países además de Brasil, como Estados Unidos, Argentina, Japón y Sudáfrica.

calebEn Portugal, el grupo se llama Bella Juventud. “La Universal trabaja con el propósito de promover la salud física, mental y emocional de los ancianos”, declara Flávia Azevedo, responsable por el grupo en el país. Según ella, se ofrecen varias actividades, como clases de informática, gimnasia, competencias y grupos de oración.

Rosa María, propietaria de un restaurante en Açores (Portugal), cuenta que antes de conocer el grupo de apoyo a los adultos mayores de la Universal se sentía triste, solitaria y también débil. Después de que comenzó a formar parte del grupo, su vida cambió:

“Me gusta mucho participar, me siento bien recibida por ellos. Aprendí a valorarme más y también a valorar al prójimo. Vi que no estaba sola, que a mi alrededor estaba mi nueva familia.”

En todos los lugares donde actúa el Caleb, se realizan actividades que varían desde conversaciones personales hasta grandes eventos, como sucedió recientemente en Belo Horizonte (Brasil), donde más de 350 adultos mayores estuvieron presentes en el “Sábado de la solidaridad”.

Si usted también quiere aprender cosas nuevas, hacer nuevos amigos y acercarse más a Dios, participe en este grupo, visite la Universal más cercana a su domicilio e infórmese sobre el Caleb.