Frecuentadores y discípulos

Frecuentadores y discípulos

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Si con sinceridad en el corazón, el seguidor de Jesús quiere realmente servirlo en el atrio, tiene que determinarlo y perseguirlo hasta alcanzar su objetivo. Y Dios estará con él donde quiera que sea. Y se cumplirá la Palabra que dice: “Y vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y te alcanzarán, si oyeres la voz del Señor tu Dios. Bendito serás tú en la ciudad, y bendito tú en el campo. Bendito el fruto de tu vientre, el fruto de tu tierra, el fruto de tus bestias, la cría de tus vacas y los rebaños de tus ovejas. Benditas serán tu canasta y tu artesa de amasar. Bendito serás en tu entrar, y bendito en tu salir. El Señor derrotará a tus enemigos que se levantaren contra ti; por un camino saldrán contra ti, y por siete caminos huirán de delante de ti. El Señor te enviará Su bendición sobre tus graneros, y sobre todo aquello en que pusieres tu mano; y te bendecirá en la tierra que el Señor tu Dios te da. Te confirmará el Señor por pueblo santo Suyo, como te lo ha jurado, cuando guardares los mandamientos del Señor tu Dios, y anduvieres en Sus caminos. Y verán todos los pueblos de la tierra que el nombre del Señor es invocado sobre ti, y te temerán.” Deuteronomio 28:2-10

Si el seguidor del Señor Jesús sinceramente responde que quiere servirlo en el altar, cueste lo que cueste, necesita depositar todo lo que tiene, todo lo que es, todo lo que pretende ser o pretende tener en el altar de Dios. De lo contrario, ¡debe olvidarse del altar y quedarse en el atrio! Si ya está en el altar, tiene que preguntarse a sí mismo: ¿Me he sacrificado por las almas?

Quien sirve en el altar es como una mujer que da a luz hijos. Cada uno que nace requiere gemidos de dolor de parto. Si el hombre de Dios quiere parir hijos, necesita estar consciente de que eso requiere llanto y sacrificio. ¿No es eso lo que está escrito? “Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán. Irá andando y llorando el que lleva la preciosa semilla; mas volverá a venir con regocijo, trayendo sus gavillas.” (Salmos 126:5-6)

Muchos que sirven hoy en el altar han confiado en los medios disponibles de comunicación, tales como las emisoras de radio, TV, periódicos, revistas, folletos, etc. Con eso, se conforman confiados de que la propaganda substituirá al sacrificio de las oraciones y los ayunos, en el sentido de que eso traerá al pueblo a la iglesia. ¡Eso es incorrecto! Esa es la razón por la cual la Iglesia del Señor Jesús ha sido fracasada delante de las luchas contra Satanás. Ha estado conformada, esperando que los medios de comunicación realicen su trabajo. ¡Nunca! Podemos e incluso debemos usar todos los medios posibles para traer al pueblo a la iglesia, ¡sin embargo jamás podemos contar con eso para dar a luz hijos de Dios! En el pasado, los hombres de Dios fueron verdaderos exponentes en las manos del Espíritu Santo y tuvieron un gran éxito en el altar, ¡por haber confiado solo en la acción del Espíritu Santo para ganar almas! No tuvieron otro medio de comunicación más que las súplicas, con lloro y ayunos en el altar. “… Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos.” Hechos 2:47

El ministerio del hombre de Dios no puede ser medido por el gran número de personas que está frecuentando su iglesia. Es justamente eso que le ha causado una ilusión a muchos siervos de Dios, pues viendo que la casa está llena, piensan que Dios está aprobando su ministerio. En realidad, eso es la más pura ilusión diabólica, porque la fuerza de una iglesia está en que sus discípulos sean llenos del Espíritu Santo. El Señor les dejó una orden bien clara a Sus siervos: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones…” Mateo 28:19

El número de discípulos es lo que cuenta, y no el de frecuentadores. Los medios de comunicación producen frecuentadores, pero el hombre de Dios produce discípulos.