Fin de los tiempos: el enfriamiento del amor y la renuncia de la fe

Fin de los tiempos: el enfriamiento del amor y la renuncia de la fe

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Un marido descuartizado, padres apuñalados, hijos baleados, esposas asesinadas, familias destruidas, en un tiempo más partes de cuerpos abandonados en bolsas plásticas en rutas.

La violencia crece a pasos largos, en el mes de mayo, por ejemplo, una madre mató a sus cuatro hijos y después se suicidó, en los Estados Unidos. “Es la falta de amor”, dicen algunos. “Es el enfriamiento del amor”, explica la Biblia.

“…por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará.”, (Mateo 24:12).

Esa es la mayor tragedia que hemos visto en la actualidad. En los asesinatos en masa en Siria, las peleas inútiles en el transito, las muertes por cualquier malentendido, la violencia contra los niños, ancianos, padres y mujeres. La mayor causa de todas esas tragedias, el punto de partida de todas las noticias policiales, es el enfriamiento del amor.

En las últimas semanas nos cansamos de oír uno de los casos policiales más impactantes. Un hombre casado, que al visitar sitios pornográficos, encontró a una prostituta por quien cambió a su esposa. Dos años después de casados, la ex- prostituta, ahora esposa, descubrió que su marido estaba con otra prostituta, que había conocido en otro sitio pornográfico. El caso, digno de serie policial, fue cerrado con el marido muerto, descuartizado, en tres maletas de viaje y abandonado en un terreno, y la esposa presa.

Parece un ciclo, que aparentemente comenzó con el divorcio y terminó con la muerte. Cambiando las palabras, inició con el fin del amor en el primer casamiento y terminó con una traición el segundo.

Los crímenes pasionales son causados porque uno de los compañeros no acepta la traición o el fin de la relación. Fue lo que sucedió con un padre de familia también.

El taxista casado, recibió a su hijo adolescente, que venía de otra ciudad para estudiar a San Pablo. Estaba viviendo en la casa de su padre desde febrero de este año, fue suficiente para que el muchacho se relacionara afectivamente con su madrastra. Cuando los dos se decidieron a confesar esa pasión al marido, él los perdonó y el hijo recibió un pasaje de regreso a su ciudad natal. Pero antes de viajar, el marido y padre traicionado no mató a la esposa porque se encerró en el baño y llamó a la policía. Sin embargo el hijo, aunque intentó correr, fue baleado, así como la suegra del taxista. Él intento suicidarse con un tiro en el pecho, pero sobrevivió. EL hijo no logró escapar.

“También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos.Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos,sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno,traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios,”, (2 Timoteo 3:1-4).

Es interesante como en estos versículos están las más variadas “pautas” para la prensa escrita y los noticieros del mundo actual. Más curioso es el hecho de que esos materiales sean producidos con un importante respaldo bíblico, escrito hace miles de años.

Lo más triste e intrigante es la forma en como ese amor se enfría inútilmente.

De la misma manera como la fe se pierde: algunas personas desilusionadas con algunos malos ejemplos en las iglesias; otras que abandonan la creencia, porque se “decepcionan de Dios”, otras que desistieron de esperar el sueño realizado; y aún hay otras que culpan a otros. Al respecto en 1 Timoteo dice:

“Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios;por la hipocresía de mentirosos que, teniendo cauterizada la conciencia…”, (1 Timoteo 4:1-2).

Quizás sea por eso que haya un aumento cada vez más significativo de ateos en el planeta, y la fe es desvalorizada en este medio. También por eso mismo, como afirman estudios, para el 2050, un 70% de los holandeses no tendrán religión alguna, y en nueve países ricos, la religión se extinguirá.

La verdad, el problema no es el fin de la religión, sino la disminución de fe. Así, si para llegar a Dios es necesario tenerla, ¿cómo lo encontraremos si algún día en nuestras vidas ese “canal” se seca y dejamos de ser productivos?