Fe viva vs. Fe muerta

Fe viva vs. Fe muerta

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fe905
Quiero compartir con ustedes un secreto de la fe, esa fe que hace que tengamos acceso a Dios y tomemos actitudes opuestas a las de este mundo.

En el segundo capítulo de la epístola de Santiago, en los versículos del 14 al 26, la Biblia dice así: “Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle?”. Vemos que el apóstol está hablando con personas de la fe, al respecto de la fe que conquista todo, y principalmente la salvación del alma.

“Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha?”. Vemos que la fe involucra acción, actitudes, sin ellas la fe no vale nada, es infructífera, es una ilusión que no le servirá para nada.

“Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma.”. La fe que no incluye obediencia, sacrificio, es infructífera, no sirve para nada.

“Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras”. Cuando la persona tiene fe, puede mostrársela a los demás, pero si esa fe no tiene actitudes, ¿qué mostrará? Nada. Nuestra vida depende de la fe.

“Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan.”. Vemos también que la fe sin obras es la fe que el diablo tiene. Él cree y tiembla, pero no tiene obras, no obedece, no sacrifica. Cuando una persona tiene fe y no obedece ni sacrifica, su fe es igual a la de los demonios y su destino será el mismo, porque una fe sin obras no salva el alma de nadie.

“¿Mas quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta? ¿No fue justificado por las obras Abraham nuestro padre, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar?”. Ser justificado es volverse justo ante Dios, es ser libre de las culpas, ser santo. A partir del momento en el que usted se entrega de verdad en el Altar, es santificado, justificado en el momento por el Señor Jesús.