“Fe Racional”- Alma vs. Espíritu

“Fe Racional”- Alma vs. Espíritu

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En los próximos días, vamos a publicar fragmentos del libro “Fe Racional”, del obispo Edir Macedo, como parte del contenido para la reflexión del Arca Universal

Dios es Espíritu. Si Dios fuera alma, Su comunicación con nosotros sería directa con nuestra alma. Si Él fuera un cuerpo físico, una materia, Su comunicación con nosotros estaría sujeta a nuestra materia. Sin embargo, como Él es Espíritu, Su comunicación está restringida apenas al campo espiritual. Su comunicación viene directo del Espíritu Santo al espíritu humano. El apóstol Pablo, por ejemplo, en su carta a Timoteo, no dijo: Siento en Quién he creído, sino sé en Quién he creído. “Por lo cual asimismo padezco esto: pero no me avergüenzo (…).” 2 Timoteo 1:12

Aún sufriendo a causa del Evangelio, a causa de las traiciones, de los falsos hermanos y de los falsos pastores que habían en su época, Pablo sabía en Quién estaba creyendo. Él confiaba en Aquel en el cual creía.

En realidad, él tenía consciencia de la fe. Una certeza que no estaba en su corazón, sino en la mente. “…Estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel Día.” Vea que la fe del apóstol Pablo era una fe consciente, que no tiene nada que ver con el sentimiento. Si su fe fuera fundamentada en una emoción, él no habría sido llamado para ser apóstol, ni tampoco sería el hombre que fue usado por Dios.

En la Obra de Dios no se puede confiar en las personas negativas. No creo que Dios use personas de fe emotiva. Los que poseen este tipo de fe no tienen el coraje para asumir posiciones del tipo: sí, sí, o no, no. Al contrario, son tímidos delante de los desafíos exigidos en la guerra contra el mal.

Además de eso, los de fe emotiva son cobardes en relación a los sacrificios que la fe exige para conquistar. Tal fe nos da coraje para tomar actitudes. De ahí la razón de por qué muchos creyentes están caídos en el pecado. Ellos sienten una emoción en la tentación y, sin fuerzas contra el pecado, no tienen coraje para rechazarlo, terminando por rendirse ante él. Estas personas viven en base a la emoción, a la fe emotiva y sensacionalista.

La fe consciente es justamente, lo opuesto. Por ser consciente, inteligente y racional, hace con que la persona tenga coraje para tomar actitudes. La persona que usa la fe consciente no se deja llevar por el corazón. Al contrario, busca huir de lo que es malo e incorrecto, librándose de las tentaciones y de las sugerencias que el diablo ofrece,

Fue usando la emoción que el diablo engañó a Eva en primer lugar, y no a Adán. ¿Y por qué él usó primeramente a la mujer? Porque es la más emotiva. Y, por ser considerada la parte más frágil, el diablo usó justamente el ser más dado a la emoción para diseminar el pecado.

Cuando vivimos una fe consciente, somos lo suficientemente corajudos para resistir al mal y las tentaciones. Usando la conciencia, Pablo dijo, en otras palabras: “Yo sé en quién he creído y tengo certeza que Él va a guardarme hasta el día de nuestro encuentro.”

Muchos cristianos, fieles a la iglesia, dicen: “Mi vida ha sido lo mismo de siempre hace años. Cuando estoy en la iglesia me siento muy bien, pero cuando salgo no hay ningún avance en ningún área de mi vida. Continúo teniendo debilidad, depresión, desánimo, en fin, nada cambia en mí.” Esto sucede porque en la iglesia su corazón fue regado por la música, por el ambiente emotivo, por las amistades, pero no por el ánimo de la fe.

La fe exige sacrificios, y sólo toma la decisión de sacrificar quien realmente vive en una conciencia de fe racional. La persona que usa la fe inteligente sabe lo que está haciendo, tiene certeza, y está segura de eso. Esto es el vivir por la fe.

Quien vive a base de una emoción, no tiene coraje de tomar su cruz y seguir al Señor Jesús. Si oye algo contrario a su fe, se entrega a aquella palabra. Esa persona es emotiva y no racional. Ella no usa su fe con inteligencia.

El Espíritu de Dios enseña que no debemos actuar: “mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.” (2 Corintios 4) ¿Y cómo alguien que vive en base a la emoción, puede fijarse en las cosas invisibles? ¡Imposible! Para fijarse en las cosas invisibles es necesario ser espiritual. Debe andar en espíritu. Esto es, andar por la fe racional.

Es necesario que la persona se defina. Si ella ha usado una fe emotiva, tiene que cambiar su manera de actuar y pensar. De lo contrario, no va a llegar a ningún lado.

En la parábola de las diez vírgenes (Mateo 25:1), solamente cinco entraron porque fueron sabias y prudentes. Además de llevar las lámparas, estaban prevenidas con el aceite también. Por otro lado, las otras cinco fueron insensatas. Ellas no cuidaron del fututo y miraron apenas para ese momento. Desprevenidas, despreciaron el uso del aceite, no fijándose en el hecho de que la lámpara se podía apagar a cualquier momento.

De esta forma sucede con los emotivos: miran solamente el presente, a lo que está sucediendo en ese momento. Sin embargo, quien es sabio usa la fe con inteligencia, porque proyecta su vida para el futuro.

Tenga esa consciencia de fe. Si esto aún no sucedió es porque no hubo un nuevo nacimiento. Los que desean nacer del Espíritu Santo tienen que pagar el precio, renunciar al pecado y esforzarse para no caer en tentación. En otras palabras: si la persona realmente quiere encontrarse con Dios, entonces tiene que comenzar a andar en el camino del bien, ¿Cómo podría querer un encuentro con el Bien Mayor andando en el camino del mal? Imposible. Cuando haya esfuerzo en andar en el camino correcto, el Espíritu Santo hará que suceda el mayor de todos los milagros: el nuevo nacimiento.

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