¡Exclusividad!

¡Exclusividad!

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exclusividad809La Biblia dice: “¿O pensáis que la Escritura dice en vano: El Espíritu que él ha hecho morar en nosotros nos anhela celosamente?”, (Santiago 4:5).

Dios siente celos de nosotros. Existe algo saludable en los celos que es el cuidado. Por lo tanto, mientras que estén dentro de un límite, no son algo malo.

Si usted analiza la historia del pueblo de Israel, verá que Dios llamó a Moisés al monte Sinaí y le entregó los diez mandamientos, que eran las Leyes que el pueblo debería seguir. Entre ellas estaban: “No tendrás dioses ajenos delante de Mí. No te harás imagen, ni ninguna semejanza…”, (Ex. 20:3-4) y más tarde el Señor citó también: “Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas las fuerzas…”, (Dt. 6:5).

Esos tres mandamientos apuntan a la exclusividad. Dios quería ser exclusivo en la vida de aquel pueblo, de manera que no se prostituyera con otros dioses.

Así debe suceder en el matrimonio. Una vez casado, usted tiene que tratar a su cónyuge con exclusividad. Si su esposa se siente igual o inferior a otras mujeres, está siendo injusto con ella. Es un defecto del hombre no hacer que su mujer se sienta especial. La idea original del matrimonio es que usted deje a su familia, a las personas que ama, y pase a ser uno juntamente con su compañero.

Muchos cuando se casaron tenían esa expectativa, sin embargo, con el pasar del tiempo, otras cosas se convirtieron en prioridad, como la carrera, los hijos y hasta la propia familia. en realidad, ¡eso es un tipo de traición!

Tenemos algunos ejemplos clásicos:

• El hombre se queja de que la mujer es celosa, pero la culpa es de él porque le da atención a todo el mundo menos a ella y no la hace sentir exclusiva.

• La mujer dice: “No hago nada malo para que pelee conmigo”. Pero tampoco hace lo que debería.

La verdad es que la persona amada solo puede y debe perder la exclusividad en su vida ante Dios.

Cuando el joven llega a la edad adulta, la prioridad pasa a ser la vida amorosa, sin embargo, el orden de la relación debe ser así: en primer lugar Dios y después la persona amada.

Lo mismo se aplica a los que están buscando a alguien. Estando Dios por encima de todo, Él mismo cuidará a los que están solos, preparándoles un futuro feliz.

En el momento de conocer a alguien, observe si Dios tiene exclusividad en la vida de esa persona, pues haciendo eso, usted tendrá más seguridad y garantía en la relación. Si invierte ese orden, seguro tendrá problemas.

Lo esperamos este jueves a las 16 y especialmente a las 20 en la Terapia del Amor, en Av. Corrientes 4070, para darle más consejos y ayudarlo a tener una vida sentimental plena.

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