“Estaba desahuciada, me dieron tres meses de vida”

“Estaba desahuciada, me dieron tres meses de vida”

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Rosana Herrera sufrió por los problemas que había en su casa. Intentó formar su familia, pero en lugar de ser feliz, el sufrimiento aumentó. Las enfermedades no le daban tregua y estuvo a punto de morir de cáncer.

“Cuando quedé embarazada, tuve complicaciones por lo que tuve que hacer reposo absoluto. Un familiar se ofrece a ayudarme a través de los espíritus, si bien mejoró mi situación, mi hijo nació muerto y los médicos lo reanimaron. Y yo tenía anorexia nerviosa que me hacía estar anémica.

Empecé a sufrir desmayos por los nervios y me involucré más con los espíritus. Cobrábamos para “curar” a las personas, pero a los pocos días regresaban enfermos nuevamente. No medíamos esfuerzos para servir a los espíritus, pero mi matrimonio se destruyó por la infidelidad de mi esposo. Me fui de mi casa con mi hijo e intenté suicidarme por la desesperación”, cuenta.

Al tiempo ella conoció a otra persona e intentó formar la familia que siempre quiso, pero vivía llorando, terminé yendo al psiquiatra y tomando antidepresivos y pastillas para dormir. Comenzaron las discusiones, yo era muy agresiva con él, lo quería ver muerto. “Estaba completamente loca, una vez le tiré un velador y él me apuntó con un arma. Necesitaba ayuda urgente”, agrega.

Su hermana la invitó a la Universal y ella aceptó porque estaba cansada de sufrir. “Fui a la iglesia y ese día pude dormir, entonces comencé a participar de las reuniones. No me fue fácil mantenerme firme, cuando las cosas estuvieron bien me fui, pero una situación delicada me hizo volver a vivir la fe.

Cuando nació mi otro hijo, me detectaron cáncer en el cuello del útero. Tenía dolores y hemorragias, el médico me dijo que me tenían que operar de urgencia. A los seis meses el cáncer reaparece. Entonces, regresé a la iglesia con otra visión de las cosas, el cáncer no me podía vencer, sabía Dios me podía ayudar.

El médico me iba a vaciar y yo decidí probar mi fe a pleno. Cuando regresé al médico, habían desaparecido las células cancerígenas. Hoy estoy sana, libre de los tormentos espirituales y estamos muy bien con mi pareja”, afirma sonriendo.

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