Esperando por su otra mitad

Esperando por su otra mitad

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Decidir esperar en Dios, sobre cuando enamorarse, en los días de hoy,  puede parecer difícil ante las muchas presiones de la sociedad. El modelo actual sugerido  que incluye  algunos “valores” a ser seguidos, imponiendo  sutilmente un modelo o patrón a través de la coerción. Si uno sale de este patrón es etiquetado como “tonto”.

Estos conceptos pre-establecidos por la sociedad moderna han reflejado muy negativamente en las decisiones de la juventud. Una cosa es cierta: los cristianos que toman  un modelo de vida mundanal siempre se frustran con los resultados, porque después de una elección apresurada las consecuencias siempre son desagradables. Algunos cristianos influenciados por la facilidad del “mundo” se han decepcionado tanto que ya no creen en la posibilidad de encontrar a su otra mitad.

Otros han fijado un plazo para la respuesta de Dios, ya que no vio llegar su respuesta en el  tiempo determinado, la solución fue simple: olvidar todo lo aprendido en la Palabra de Dios y actuar por su cuenta. El resultado: una generación con la vida sentimental confusa, llena de altibajos y una inseguridad que derrumba los sueños.

La soledad sin duda genera enfermedades y mata a miles de personas en todo el mundo. El que dice sentirse bien  solo, o experimentó una gran decepción en la vida sentimental, ciertamente, necesita sanar las heridas de su corazón con el poder de Dios, o nunca experimento el amor, por lo que opina de esta manera. De hecho, no conoce el gran don que Dios tiene para el hombre.

Cuando alguien se precipita en una relación, será responsable de las consecuencias inevitables, ya sea debido a la falta de preparación emocional, espiritual o económica, entre otros muchos factores que pueden impedir la verdadera felicidad de una pareja. Sin embargo, cuando se espera en Dios, es Él quien obra  en los sentimientos. Sólo Dios conoce la historia de vida de cada persona. Sus limitaciones, miedos y debilidades. Dios es perfecto y por eso hace las cosas perfectas. Jamás une una pareja sin que antes esta esté preparada. Por esta razón es que hay un tiempo de amistad, enamoramiento y noviazgo, porque Dios enseña primero a ambos a amar, para después unirlos.

El amor de Dios no es el “amor” que el hombre cree conocer. Dios se ocupará de la pareja, en el noviazgo la cuestión de saber dar, la capacidad de desprenderse de ciertas cosas, saber esperar, y otros numerosos asuntos de gran importancia para la felicidad futura.

Una persona que no está listo para ser pulido por Dios nunca crecerá, será un eterno niño. Los niños no están preparados para asumir responsabilidades importantes. Muchos no entienden que para ser feliz es necesario que Dios tome la “escoria de plata”. Sólo el Señor sabe lo que necesita ser cambiado en el corazón de cada persona. Él ahonda profundamente en el corazón, restaurando sentimientos y transformando el carácter.

Saber esperar en  Dios, orando, ayunando y buscando Su presencia, es la mayor prueba de amor que alguien puede dar por todo el sufrimiento que Él Señor Jesús paso en el Calvario.

Pero si alguien en el medio del camino tropieza, sepa que el Señor es un Dios de amor y misericordia y está siempre dispuesta a perdonar, fortalecer y transformar vidas. El arrepentimiento sincero es lo que hace la diferencia entre los pecadores. Una cosa es errar intencionadamente para ser perdonado por  el gran amor que Dios tiene. Y otra muy diferente es cuando una persona tropieza, pero lucha para corregir sus errores y tener una vida en comunión con Dios.

“Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo”. (1 Juan 2:1)