Envidia: ¿Existe el lado bueno?

Envidia: ¿Existe el lado bueno?

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Es común oír: “Esa persona es envidiosa”; “A causa de su envidia, yo no conseguí aquel empleo.” La envidia siempre está en boga en las conversaciones, implícita o explícitamente. Pero, ¿qué es realmente la envidia?

Según el psicólogo Wilson Montiel, la envidia es un sentimiento común en todos nosotros y surge de la derrota, de la competencia primitiva por ayudas e intereses, pero puede llevar a un crecimiento personal. “Puede hacer crecer al individuo al intentar alcanzar cierto hecho o característica de quien envidia o codicia. Por lo tanto, es posible decir que la admiración es una forma más madura de la envidia.”

Es claro que la fama de ese sentimiento tiene su lado más dañino para quien lo siente. “Es capaz de contaminar el corazón del envidioso y generar chusmerío, disputas, mentiras, falta de interés. Por lo tanto, el envidioso debe buscar comprender qué es lo que provoca su codicia y buscar aprender de quien es envidiado.”

El psicólogo dice que es posible no ser una persona envidiosa buscando el perdón, el desapego y la humildad. “En realidad, no se trata de dejar de sentir eso, sino de aceptar a la envidia como algo saludable, ya que ella es capaz de transformarse en admiración, lo que incide en una mejor relación con las personas, posibilitando el regreso de esa admiración en generosidad y respeto mutuo.”

Para quien no logra transformar la envidia en admiración, es claro que el sentimiento traerá consecuencias para sus relaciones interpersonales. “La envidia corroe la confianza entre los miembros del grupo, mientras que la admiración y la generosidad fortalecen el lazo, y promueven siempre un mejor resultado. Ella puede ser un espejo, o sea, algo suyo que usted nota y reconoce en esa persona envidiada y que no acepta en usted mismo.”

Huyendo de la envidia

Todos son capaces de identificar a una persona envidiosa que forma parte de su convivencia. Pero para defenderse de ese sentimiento y de sus implicaciones es necesario saber huir de la codicia. “Esquívese de los enemigos no devolviendo  las acusaciones vacías. Por ejemplo, contra el chusmerío, el elogio y el desinterés; contra la mentira, la coherencia y la búsqueda de la verdad; contra la vanidad, la empatía; contra el orgullo, la humildad. Es fácil evaluar el valor de la pelea y dirigirse a lo que realmente interesa”, aclara Montiel.

Como dice el dicho popular: “La envidia mata”, pero tiene cura. “El perdón cura. Además, aprender a vivir con conflictos ayuda a salir de la comodidad. Aceptar que envidia a otro y buscar rehacerse es un consejo ideal para quien quiere crecer”, finaliza el psicólogo.

Desde el principio

La envidia es inherente al ser humano desde el comienzo de los tiempos. Muchos conocen la historia de los hermanos Caín y Abel, hijos del primer matrimonio de la tierra, Adán y Eva. Caín nació primero, y se tornó labrador, Abel era más chico, y se tornó pastor de ovejas.

Después de un tiempo, Caín trajo como ofrenda al Señor el fruto de la tierra, y Abel, las primicias de su rebaño. Sin embargo, a Dios le agradó más Abel y su ofrenda, que Caín y lo que Le había  ofrecido. (Génesis 4:3-4).

Caín se llenó de tanta envidia que terminó matando a su propio hermano (Génesis 4:8).

“Porque donde hay celos y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa.” (Santiago 3:16)

Quizás sea el momento de auto-evaluarse  y observar si ha admirado o sentido envidia de su hermano o de su prójimo.

 

[fotos foto=”Thinkstock”]

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