En un instante…

En un instante…

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Estaba meditando en la enseñanza que el Espíritu Santo nos dio a través del Obispo Macedo estos días, para defendernos de las tentaciones del diablo.

«Llevándole a una altura, el diablo Le mostró en un instante todos los reinos del mundo. Y el diablo Le dijo: Todo este dominio y su gloria Te daré; pues a mí me ha sido entregado, y a quien quiero se lo doy. Por tanto, si Te postras delante de mí, todo será Tuyo.» Lucas 4:5-7

El diablo quiso atrapar al Señor Jesús con su veneno, que es el deseo de poder, porque fue este el pecado que lo llevó a caer, porque él deseó ser mayor que Dios, tomar Su trono y Su lugar para ser servido y adorado (Ezequiel 28:1-19). Así, él quiere que los siervos de Dios dejen de servir al Señor de los señores para querer ser adorados por este mundo, con su fama y falsa gloria, como lamentablemente lo ha hecho con muchos. Pero el Señor Jesús, que estaba en este mundo como el Siervo de los siervos (para darnos el ejemplo), le contestó así al tentador:

«Respondiendo Jesús, le dijo: Escrito está: “Al Señor tu Dios adorarás, y a Él solo servirás”», Lucas 4:8

dándole al diablo una respuesta contundente de que solo Dios es digno de ser adorado y servido, y nadie más.

Por otro lado, está el mensaje a Sus siervos de no dejarse llevar por esta tentación o ambición de tener poder, autoridad, gloria y fama dada por el diablo en este mundo. Al seguir leyendo el texto de Lucas encontramos también que:

«Cuando el diablo hubo acabado toda tentación, se alejó de Él esperando un tiempo oportuno», Lucas 4:13.

El diablo no se dio por vencido y siguió esperando otra oportunidad, el momento, el tiempo oportuno para atrapar al Señor Jesús. Eso es un ejemplo para nosotros, por eso Él nos enseñó a velar y orar para que no entremos en tentación (Mateo 26:41) o demos oportunidad al diablo como el Espíritu Santo dice:

«… ni deis oportunidad al diablo», Efesios 4:27.

El diablo solo está buscando el momento, el tiempo oportuno para hacer caer al siervo de Dios, una oportunidad que se le dé es fatal para el alma del que queda atrapado. Como un depredador, un león acechando a su presa, que espera el momento para atacar, una víbora que espera el momento para dar su bote, el ladrón, el depredador y el diablo solo necesitan una oportunidad, un momento de desatención y distracción.

Sin embargo, el que está revestido de la Armadura de Dios, está en estado de alerta, atento y en espíritu de oración:

«Con toda oración y súplica orad en todo tiempo en el Espíritu, y así, velad con toda perseverancia…», Efesios 6:18.

El profeta Elías y Juan el Bautista nos muestran también ejemplos de cómo deben ser los siervos de Dios:

«Y Elías dijo: Vive el Señor de los ejércitos, delante de quien estoy…», 1 Reyes 18:15.

Elías andaba siempre en espíritu, en la presencia de Dios, él no entraba a veces en la presencia de Dios, sino vivía en ella.

«Es necesario que Él crezca, y que yo disminuya», Juan 3:30.

Juan no quería fama o reconocimiento para sí mismo, lo que quería era glorificar al Señor de la gloria, porque él no era el Mesías, sino Su mensajero, Su siervo, quien vino a prepararle el camino.

Que siempre estemos atentos para no darle ninguna oportunidad al diablo y que Dios nos libre de caer en la tentación del deseo de poder y fama o que «nos suban los humos a la cabeza», como dicen, es decir, que no nos llenemos de orgullo, soberbia, altivez, vanidad, presunción o engreimiento.

Pr. Augusto Cepeda – Responsable del Sector de Televisión de la IURD, Buenos Aires, Argentina.