Ellos hacen que el Templo funcione

Ellos hacen que el Templo funcione

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El comercio agitado, común en las calles del barrio de Brás, en São Paulo, aún duerme cuando los portones del Templo de Salomón son abiertos todos los días de la semana, a las 6:50 de la mañana. La construcción es tan grandiosa que impresiona a los transeúntes y es normal ver a algunos de ellos sacándose una “selfie” con el imponente edificio de fondo.

Las puertas del interior del Templo son abiertas en los horarios de las reuniones y luego se cierran enseguida. Para poder acceder al interior del Templo, es necesario programar la visita con antelación. La seguridad es rígida aún con los miembros procedentes de otros estados del país. Todo para mantener el orden y la organización en el lugar.

Durante un miércoles nuestro equipo de reporteros estuvo en el Templo de Salomón. Lindoelson Ferreira fue nuestro primer entrevistado del día. Él nos contó que trabaja allí desde cuando todavía era polvo. “Yo vigilaba las piedras de Israel, muchas personas querían tocarlas, pero yo no podía permitir que nadie, aparte de los empleados, entrara a la construcción”, recuerda. Para él, la emoción de ser un guarda de seguridad del Templo es grande. “Es una tenue línea, si quien lo visita se emociona, imagínense lo que es para mí que trabajo aquí. Pero tengo que separar la emoción para mantener el enfoque en mi trabajo”, considera. Lindoelson está en lo correcto. La seguridad es primordial en el Templo de Salomón. Son 159 personas las que trabajan en turnos, manteniendo el lugar seguro las 24 horas del día. Entrenados por la elite de la policía brasileña para enfrentar cualquier tipo de amenaza, desde una persona mal intencionada hasta terroristas.

Y como en toda gran construcción, más allá de la seguridad, es necesaria la limpieza diaria en más de los 100 mil metros cuadrados. En lo que corresponde a la limpieza, hay un equipo de 60 personas que se hacen responsables del trabajo. ¿Parece poco? Pero no lo es. El secreto está en la maquinaria disponible: Solo con un hombre basta para manejar un equipo que limpia en pocas horas toda la parte externa. Cada dos semanas, las banderas de la Explanada también son retiradas para lavarlas. Cada detalle es pensado.

Seguimos para otro sector fundamental para el funcionamiento del Templo: la ambulancia. Las personas buscan el consuelo para el alma, pero también es necesario garantizar la salud y el bienestar de cada una de ellas. Y para esto hay un equipo compuesto por médicos, enfermeros, bomberos y socorristas que están en el primer subsuelo, donde está instalada la ambulancia con camillas, desfibrilador, una ambulancia UTI para casos más graves en que la remoción inmediata sea necesaria. En el momento de nuestra visita, la doctora Carolina Monteiro atendía a un funcionario que se había hecho un pequeño corte en la mano. En pocos instantes la cura estaba lista y el pudo volver al trabajo.

En un lugar tan grande y con tantos detalles que nos lleva a la era bíblica, se necesita alguien que los explique. Para esa tarea un grupo de pastores conocidos también como “sacerdotes” realizan tours diarios por el Cenáculo. Son recibidas aproximadamente 400 personas por día, entre miembros de otras iglesias, estudiantes y autoridades, que son atendidas por seis guías. Ellos cuentan la historia de Moisés y de cuando el pueblo de Israel entró en la Tierra Santa, más allá de explicar lo que significa cada utensilio expuesto en la Explanada del Templo.

Todavía era de día

Cuando regresamos a la parte exterior del Templo, encontramos al equipo de Antonio Valdir Bispo, uno de los jardineros, cuidando del paisaje del lugar. Los olivos centenarios traídos de Uruguay también quedan bajo la responsabilidad del equipo, así como las flores, el césped y todo el verde que contrasta con las claras piedras del Templo.

Desde el jardín, vimos a Jorge Pinheiro, uno de los empleados responsables del mantenimiento del Templo. Los retoques en la pintura y la reparación de lo que se haya roto quedan bajo su responsabilidad. Él es el famoso “hombre orquesta”. Y cuando nos encontramos con él, estaba puliendo las barandillas, para asegurarse de que todo esté reluciente hasta el momento de la próxima reunión. Jorge trabajó en la construcción y en la actualidad se encarga del mantenimiento. “Todo fue hecho con mis manos, a partir de las piedras, construí no solo lo que considero la Casa de Dios, sino que también mi identidad espiritual”, cuenta él.

Pero, además de conocer el día a día del Templo, necesitábamos conversar con alguien que nos explicara mejor la parte técnica y estructural. Creímos que la persona ideal para esto sería el ingeniero Alexandre dos Santos Campos, el responsable de las instalaciones eléctricas, hidráulicas y de la refrigeración de la casa. Es él el que tiene todos los números relacionados al Templo en la cabeza y está siempre atento a los mínimos detalles del edificio. Alexander explicó que sólo para el mantenimiento del lugar se necesitan 86 hombres.

Ahora que ya conoce el trabajo de aquellos que se dedican a mantener funcionando diariamente el Templo de Salomón, anote los horarios de las reuniones y préstele atención a cada detalle en su próxima visita: los lunes a las 7h, 10h, 15h, 18:30h, y 22h. De martes a viernes a las 10h y 20h, y los domingos a las 10h y 18h. Y no debe pagar nada para poder ingresar.