El temor del Señor

El temor del Señor

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Cuando pronunciamos o escuchamos la palabra «temor», normalmente tenemos la sensación de recelo, miedo y horror. No obstante, su significado en relación a Dios es diferente. La relación entre Dios y el hombre jamás puede expresar recelo, miedo u horror.

Dios es Padre (Creador) deseoso de mantener comunión constante con Su criatura y, principalmente, con aquellos que Lo buscan en espíritu y en vedad; esa comunión se da en una dimensión familiar en que reina el amor, única expresión concreta del carácter de Dios.

Lo que la expresión «temor del Señor» significa es, nada más ni nada menos, que un sincero y profundo sentimiento de reverencia y respeto, capaz de estrechar la relación del hombre con Dios. Es evidente que ese temor se torna imprescindible para que exista comunión.

Los siguientes textos expresan muy bien este sentido de «temor del Señor»: “El principio de la sabiduría es el temor del Señor.” Proverbios 1:7

“El que camina rectamente teme al Señor, pero el de caminos pervertidos lo menosprecia.” Proverbios 14:2

“Porque como la altura de los cielos sobre la tierra, engrandeció su misericordia sobre los que lo temen.” Salmos 103:11

¿Qué significa temer a Dios?

Temer a Dios, básicamente, es tener una vida abnegada y solamente mirando sus propósitos aquí en la Tierra, motivada por el amor que Él siempre demostró por nosotros.

Esto es propio del hombre que teme al Señor, porque su carácter fue moldeado, según el carácter del Señor Jesús en oportunidad de su ministerio público entre los hombres. Él mismo manifestó una actitud de temor, cuando dijo: “Padre, si quieres, pasa de mí esta copa, pero no se haga de mi voluntad; sino la tuya.” Lucas 22:42

Notemos lo siguiente: si queremos que el Señor Jesús en la persona de Su Espíritu, se manifieste a través de nosotros, entonces tenemos la obligatoriedad de asumir Su carácter a través de actitudes y procedimientos semejantes a los de Él; nuestros pensamientos tienen que ser como los de Cristo, que dijo: “Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra.” Juan 4:3

¿Será posible que nosotros, una vez declarando abiertamente al mundo que somos siervos del Señor, hacemos de nuestra comida la realización de la voluntad de Dios, que nos envió?

¿Estamos realmente realizando Su obra? ¡Si honestamente confesamos que si, entonces y en forma positiva, existe temor a Dios en nuestros corazones!

Hemos observado que a pesar de considerarse cristianos, muchos, desgraciadamente, dicen para si mismos «mi comida consiste en hacer mi propia voluntad: poseer aquel automóvil, comprar aquella casa, ocupar aquella posición, tener poder para hacer lo que mis ojos desean, etc.»

¡Por eso mismo, la Iglesia del Señor Jesucristo es hoy solamente una caricatura de la Iglesia Primitiva, cuando los hombres y mujeres, a causa del temor del Señor, se vaciaban de si mismos y se abstenían de todo egoísmo o ambición, porque el objetivo de ellos era hacer la voluntad de Aquél que los envió!

¡Ah! ¡Cómo sería este mundo si el espíritu de temor al Señor estuviese en cada cristiano; específicamente en aquellos que se proponen llevar el Evangelio a cualquier criatura! El ciego que fue curado por Jesús dijo a los judíos: “Sabemos que Dios no oye a los pecadores; pero si alguno es temeroso de Dios y hace su voluntad, a ese oye.” Juan 9:31

Que el Espíritu Santo, a través de esta meditación, haga derramar sobre nosotros no solamente Sus dones, sino un sentimiento sincero de reverencia y respeto para con Él, que es la base de una conducta irreprensible frente a Dios, con el objeto de servir como instrumentos de Su voluntad aquí y ahora.