El sexo como moneda de cambio

El sexo como moneda de cambio

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Cuando aún no existía el dinero, las personas utilizaban el trueque o el intercambio para adquirir productos. Cambiaban algún bien que poseían por otro objeto o servicio que necesitaban. Hoy en día, no es tan utilizado en la sociedad, pero ganó espacio en internet, principalmente cuando el servicio a intercambiar es el sexo.

La reparación de la tubería, el arreglo del vehículo, muebles e incluso conversaciones sobre literatura llegaron a “pagarse” por unos minutos de placer.

En páginas específicas, muchos anuncian el producto que necesitan y el tiempo de caricias que ofrecen a cambio. La práctica ha sido común en países en desarrollo, como México, revelando la situación económica precaria en que muchas personas todavía viven. Otro motivo para que este hecho alcance grandes proporciones en el mundo virtual es evitar el preconcepto que las personas sufrirían prostituyéndose en la vida real. Al realizar todo online, la persona parece estar más segura, porque muchas veces consigue mantener el anonimato, escondiendo esta actividad de sus familiares y amigos.

Los efectos negativos

Con un clic se puede cambiar media hora de intimidad por objetos, que no es diferente a cuando alguien está parado en la calle y espera alguna propuesta para vender su cuerpo. Pensar lo contrario es una ilusión.

El sexo no ha sido practicado necesariamente entre personas en una relación estable. Ni tampoco ha sido tan exclusivo y reservado. El ser humano renunció a su amor propio y, al tener actitudes como estas, se reduce a algo que puede ser comprado. Las personas tienen un valor inestimable, cada individuo es especial e importante, pero, de esa manera, están colocándose en el mismo nivel que un objeto que se usa por un tiempo y luego se tira. Las personas necesitan creer en el amor, curar sus traumas del pasado y saber que el sexo es algo creado por Dios para bendecir el matrimonio y no ser banalizado de  esa manera. Es necesario saber la importancia de una relación sexual sana, y no hacer de ella una moneda de cambio.