¿Él o el Altar?

¿Él o el Altar?

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“Dios ha colocado dentro de mí un deseo de servir en el altar. Sin embargo mi prometido no se pone firme con Dios de verdad. Cuando le hablé sobre mi deseo, el mundo se le vino abajo, pues no soporta hablar de ese tema, ni quiere ser pastor. No sé qué decisión tomar, pues no quiero perjudicar mi vida espiritual, ¡quiero servir a Dios y nada más! – Amiga.

Respuesta:

Siempre que tenemos que tomar una decisión importante debemos recurrir a Dios y a nuestra inteligencia. No podemos poner nuestro futuro en riesgo, mucho menos nuestra vida espiritual, pues todo depende de ella.

Cuando una persona se casa, lo hace para toda la vida y por eso mismo para compartir sus sueños. Si uno quiere una cosa y otro quiere otra totalmente diferente, no llegarán a ningún lugar.

La persona que sirve a Dios tiene su placer en las cosas espirituales. Si ella se casa con alguien que no tiene la misma visión de servir, si no tiene el mismo deseo, entonces no podrá funcionar, porque, para ir al altar, los dos tienen que querer.

En este caso, en realidad, el chico no le conviene, pues ella sirve a Dios y él ni siquiera es convertido, y por lo visto no está interesado en serlo.

Yo sé que puede parecer radical lo que voy a decir ahora, pero cuando su Salvación está en riesgo, usted no debe pensarlo dos veces: tome una actitud antes que sea tarde.

Usted quiere servir a Jesús, su novio no quiere, entonces usted tiene que decidir qué es lo más importante para usted, si él o su deseo de servir a Dios.

Chicas vamos a pensar: un joven incrédulo, no importa si frecuenta la iglesia o no, nunca será un buen partido para usted que es convertida, seamos sinceras. No sirve de nada querer forzar una cosa que no tiene futuro. Usted no puede obligarlo a querer a Jesús, pero tampoco usted está obligada a quedarse con él.

Vamos a ver la Palabra de Dios, ella tiene respuesta para todas nuestras inquietudes y es muy clara:

No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas?” (2 Corintios 6:14)

(*) Respuesta retirada del blog de Tánia Rubim

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