El Fruto del Espíritu – parte 2

El Fruto del Espíritu – parte 2

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El amor es la característica principal en aquel que busca y vive en comunión constante con Dios, pero no en solo amor, cuando el Espíritu Santo se une a una persona hay muchos más resultados!

La Alegría

La alegría es una expresión de placer, satisfacción, júbilo o exaltación. No obstante la alegría, como siendo un fruto del Espíritu Santo, es mucho más que una simple sensación vivida por el hombre; es una vida verdadera de eterno gozo en el alma por la convicción implantada por el Espíritu de Dios en el alma humana.

La verdadera alegría es producida por la acción del Evangelio en nosotros (Lucas 2:10) y por una profunda experiencia de la salvación. La alegría del cristiano es constante, a pesar de cualesquiera disgustos que presente este mundo. La alegría del no cristiano muchas veces es falsa, pasajera y sofocada por las tristezas de este mundo.

El gran regocijo que sentimos en la presencia del Señor nos diferencia de la alegría experimentada por aquellos que viven en este mundo sin la presencia de Dios en sus corazones. La felicidad que existe en nosotros es resultado de la comunión con Él. El propio Dios experimenta esa sensación, de acuerdo como está escrito: “No os entristezcáis, porque el gozo del Señor es vuestra fuerza.” Nehemías 8:10

La alegría es una cualidad de vida caracterizada por el bienestar espiritual, fruto de una correcta relación con Dios y del regocijo en el Espíritu Santo. Dios jamás apreció el desánimo; por el contrario, Su Palabra nos amonesta: “Servid al Señor con alegría; venid ante su presencia con regocijo.” Salmos 100:2

“Alégrese el corazón de los que buscan al Señor.” Salmos 105:3

La alegría en el Señor es el don de Dios. Su pueblo se alegra al saber que Él está en Su trono y tiene todo bajo su Control. Esa alegría es verdadera porque, inspirada por el Espíritu Santo, es motivadora de esperanza, coraje, confianza en el Señor Jesús y otorga satisfacción de estar vivos en Él.

Texto extraído del libro “Las obras de la carne y los Frutos del Espíritu” del Obispo Macedo

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