El fin de los tiempos

El fin de los tiempos

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La Historia registra que muchos hombres de negocios, no soportando el monto de sus perjuicios, se lanzaron de lo alto de los edificios, en desesperación, en búsqueda de la muerte.

Con la ejecución del rápido juicio sobre Babilonia, el mundo de los negocios va a caer como un castillo de arena, ¡y todas las naciones gemirán con eso! Babilonia estará literalmente en llamas.

¡El llanto y el lamento que unirán a políticos y negociantes no serán de arrepentimiento! Llorarán porque sus preciosas mercaderías, así como toda la infraestructura de sus megaempresas, estarán en ruinas.

Su tranquilidad y su bienestar se transformarán repentinamente en pánico y desesperación; y tres veces es dicho “en una hora”: “… porque en una hora vino tu juicio” (Apocalipsis 18:10); “Porque en una hora han sido consumidas tantas riquezas…” (Apocalipsis 18:17); “… pues en una hora ha sido desolada” (Apocalipsis 18:19).

Pero mientras que en la Tierra hay altos lamentos, lloros, gritos y desesperación, en el Cielo se oye la exhortación para la alegría santa: “Alégrate sobre ella, cielo, y vosotros, santos, apóstoles y profetas; porque Dios os ha hecho justicia en ella.” Apocalipsis 18:20

La expresión “os ha hecho justicia” nos hace recordar a lo que el Espíritu Santo, por intermedio del apóstol Pablo, dice: “¿O no sabéis que los santos han de juzgar al mundo?…” (1 Corintios 6:2). Los vencedores de la iglesia en Tiatira también tienen esta promesa.

Los ángeles celestiales y lo santos, en especial los apóstoles y profetas, tienen ahora motivo para irrumpir en alto júbilo, pues Dios ejecutó juicio contra Babilonia, o sea, decidió su causa contra ella.

La injusticia babilónica y anticristiana, que por mucho tiempo quedó sin castigo, y el derecho de los verdaderos cristianos fueron pesados en la balanza de Dios y revelados delante de todo el mundo.

Por eso, el Cielo explota en alabanzas y glorias a Dios, y la gran Babilonia es lanzada al abismo por el primer “ángel”, es decir, el propio Señor Jesucristo. Él, imbuido de gran poder y resplandeciente gloria, ya anunció esta caída, de acuerdo con el siguiente versículo:

“Y un ángel poderoso tomó una piedra, como una gran piedra de molino, y la arrojó en el mar, diciendo: Con el mismo ímpetu será derribada Babilonia, la gran ciudad, y nunca más será hallada.” Apocalipsis 18:21

Este también es el cumplimiento de lo que el profeta Jeremías le ordenó a Seraías, cuando dijo:

“Y dijo Jeremías a Seraías: Cuando llegues a Babilonia, y veas y leas todas estas cosas, dirás: Oh Señor, Tú has dicho contra este lugar que lo habías de destruir, hasta no quedar en él morador, ni hombre ni animal, sino que para siempre ha de ser asolado. Y cuando acabes de leer este libro, le atarás una piedra, y lo echarás en medio del Eufrates, y dirás: Así se hundirá Babilonia, y no se levantará del mal que yo traigo sobre ella…” Jeremías 51:61-64

Cuando se lanza una piedra al mar, produce un sonido y desaparece inmediatamente. Después viene el silencio. Es exactamente esta la idea que el apóstol Juan busca pasar para nosotros, cuando afirma:

“Y voz de arpistas, de músicos, de flautistas y de trompeteros no se oirá más en ti; y ningún artífice de oficio alguno se hallará más en ti, ni ruido de molino se oirá más en ti.” Apocalipsis 18:22

Significa que toda expresión de alegría y placer de vivir habrán terminado. Toda la vida industrial y comercial babilónica ahora es como una piedra lanzada al mar. No se festejará más ningún casamiento, no se construirán más familias, la vida no florecerá más.

Babilonia atrajo, engañó y embriagó a las naciones con su doctrina de demonios; bebió la sangre de los pueblos y les robó el derecho de conocer la verdad; se enriqueció a costas del sudor ajeno.

Pero ahora, todo esto tuvo su fin definitivo. Nunca más surgirá esta maldita. Al contrario, todo el infierno que le impuso a las naciones, ahora ella misma estará viviendo por toda la eternidad, y con una intensidad inimaginable: “Y en ella se halló la sangre de los profetas y de los santos, y de todos los que han sido muertos en la tierra.” Apocalipsis 18:24

No solamente la sangre de los mártires, que fue vertida de una manera cruel, sino toda la sangre inocente derramada en la Inquisición; en las expediciones de mercenarios a Palestina; en las revoluciones y guerras mundiales por las cuales no solo colaboró, sino, sobre todo, idealizó.

Sí, toda la sangre inocente derramada en toda la Historia, en todos los lugares y épocas, en un último análisis debe ser atribuido y vengado en Babilonia. Es espíritu asesino, que dirigía sus ideales en el transcurso de la Historia, ahora llenó su medida y recibe la venganza del juicio, realizado por el propio Dios.

Vivimos en el final de los tiempos. Nuestro Señor ya está en camino y en cualquier momento puede llegar. Lamentablemente son pocos los que están apercibidos de eso.

El diablo ha distraído al mundo, e incluso a los escogidos de Dios, con varios “cuentos”: doctrinas de caer al suelo; aparición de dientes de oro; traiciones entre hermanos; egoísmo entre las personas; en fin, tanto el mundo de apariencia cristiana como el mundo anticristiano se mezclan de tal forma que no se nota quién es quién.

El modismo mundano entró a la iglesia y no hay duda de que hay más demonios operando adentro que del lado de afuera. ¡El comportamiento de muchos de los que confiesan la fe cristiana ha trabado la entrada de los incrédulos en dirección a la Salvación!

Pero el Señor está en camino, ¡y juzgará a todos! El apóstol Santiago ya detectaba en su época la miserable condición espiritual que había en la Iglesia, pues dijo: “¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros?” Santiago 4:1

¡La guerra nunca puede ser trabada entre los que tienen el mismo Espíritu! Por lo contrario, debe ser trabada contra las fuerzas espirituales de las tinieblas, a través de la oración, del ayuno y de la unión entre los verdaderos cristianos.

¿Cómo pueden dos personas que tienen el mismo Espíritu vivir en contiendas? ¡Es imposible! Pero, lamentablemente, ¡hay más guerras y contiendas entre los cristianos que contra el infierno!

Hay más espíritus engañadores actuando adentro de las iglesias que del lado de afuera. ¿Y por qué? Simplemente porque el deseo diabólico e incontenible milita en la carne de esa gente.

Gente que se dice creyente, ¡pero creyente como los demonios! Gente que tiene la Biblia en la mente, ¡sin embargo con el corazón vacío de la presencia de Dios! ¿Hasta cuándo, mi Señor, tendremos que ver tanto desorden espiritual adentro de Tu Casa?

¡Este mundo da asco! ¡Traiciones, falsedades, engaños y todo lo demás que al diablo le gusta! ¿Y mi Señor? ¿Dónde está la gloria de mi Señor? ¿Hasta cuándo, mi Padre, Tú permitirás que mi alma vea todo esto? Siento agonía por Tu rebaño, Señor. Él no merece ser engañado con el falso amor de Belial. ¡Guárdalo! ¡Protégelo! Él es Tuyo y solamente Tuyo. En el nombre del Señor Jesucristo. ¡Amén!