El eunuco de 79 años de Estonia

El eunuco de 79 años de Estonia

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20151031-706x410¡Hola, obispo!

Me gustaría compartir con usted la experiencia que el Espíritu Santo me proporcionó esta semana: la historia de un señor llamado Vladislav Bratislovit, de 79 años.

Una señora de la Iglesia, caminando por el parque, se encontró a un señor y conversó con él sobre el Señor Jesús. Él le dijo que tenía 79 años, que hacía 38 se había enfermado de esclerosis múltiple, y que hacía 15 años estaba en silla de ruedas. Le dijo que el mayor sueño de su vida era encontrar a Dios, a alguien que le enseñara sobre Dios, o que lo encaminase a tener un encuentro con Él, pues necesitaba Su perdón.

Fue entonces que la señora me habló de él y marcamos una visita en su casa.

Hice la visita y conocí a ese señor. En nuestra conversación, sentí más profundamente mi responsabilidad. Generalmente las personas vienen a la Iglesia a resolver sus problemas, y algunas aprenden a resolver su problema principal, la eternidad, pero ese señor me preguntó: ¿Usted puede ayudarme a conocer a Jesús?

Un señor de 79 años, en una silla de ruedas, con las piernas, la columna y un brazo funcionando mal, un sufrimiento evidente, ¡y su único deseo era conocer a Dios!
Respondí: “Sí, puedo ayudarlo a conocer a Dios!”

Obispo, conversamos mucho. La historia de vida de ese señor es impresionante. Lo invité a participar de la reunión del domingo y aceptó. Hace más de 10 años que no va a un supermercado, ni sabe cuál es el valor del dinero. Cuando lo invité, sonrió y, de pronto, dijo que vendría. Le pregunté si necesitaba ayuda y me dijo que no.

El domingo vino, llegó temprano para participar de la reunión. Conversé con él acerca de entregarse al Señor Jesús a través del bautismo en las aguas y le di el libro “El bautismo en las aguas”. Le pedí que lo leyese y que, si tenía alguna duda, en el próximo encuentro me preguntara.

El martes le hice una nueva visita. Conversamos y me dijo que quería bautizarse en las aguas. Entonces lo bauticé allí mismo, en el baño. Fue una experiencia gloriosa ver su alegría. Creo que Dios lo guardó para salvarlo.

Después le hablé del próximo paso, el bautismo con el Espíritu Santo, y me pidió que le enseñara a encontrarlo.

Pastor Ailton Soares