El bien y el mal de la música

El bien y el mal de la música

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La música puede hacernos bien o mal. Hay estudios que ya demostraron que cierto tipo de música clásica o instrumental tiene efectos terapéuticos, por ejemplo. Cuando usted está haciendo ejercicios que exigen más fuerza o ritmo, la música de ritmo rápido puede motivarlo y prolongar el ejercicio o tener más resistencia durante el entrenamiento.

Sin embargo, los investigadores también descubrieron que cuando necesitamos realizar tareas más complejas, que exijan el uso más concentrado del cerebro, cualquier tipo de música puede dificultar el proceso.

La idea básica es: la música activa nuestras emociones y sirve como motivadora de tareas más repetitivas, monótonas, que exigen poco uso del cerebro; para trabajos más desafiantes, sáquese los auriculares del oído.
Eso confirma mis observaciones y experiencia. Ya note que muchas personas, sobre todo los más jóvenes, usan a la música como un tipo de anestesia. No logran lidiar con el silencio. Si no tienen una pista sonora cuando despiertan, en el camino al trabajo o a la escuela, en el auto, en la oficina, en la cama, en el baño…no logran hacer nada. Aun cuando no hay música sonando en su Ipod, está sonando en su mente. Porque la música tiene tamaña influencia en el cerebro, que este entra en piloto automático.

No necesito decir que quien vive así, de hecho, no está ejerciendo el control de su vida. La controlan los sentimientos generados por las canciones que oye y las rutinas que vive. Porque no hay tiempo ni silencio para parar, concentrase, pensar, cuestionar, crear, planificar, – o sea, para usar la razón y ejercitar la mente, entonces la persona va viviendo la vida “tocando de oído”, literalmente. ¿Por qué lo sé? Porque ya estuve allá.
En mi adolescencia, yo era movido por la música. Era con ella que yo ahogaba mis decepciones amorosas, pasaba el día en el trabajo, y me quedaba en la noche grabando esos mixes desafortunados de las FMs en casetes… (¿alguien vio a un dinosaurio pasando por allí?)

No estoy criticando a cualquier tipo de música. Como dije, tiene su lado positivo. Solo levanto el interrogante. Sus hábitos musicales, ¿han anestesiado su cerebro?

Y si usted tratara de vez en cuando de:

¿Dedicar momentos a organizar sus pensamientos?
¿Manejar sin prender la radio?
¿Oír un audio-libro interesante en lugar de música?
¿Buscar la quietud y huir del barullo?
¿Estimular más su mente y menos sus emociones?
¿Trazar planes y metas para su vida en lugar de vivir a la deriva?
¿Hacer una auto evaluación de cómo usted se ha desempeñado en todas las áreas de su vida?

Es solo una idea que me vino mientras no estaba oyendo música.

Extraído Blog Obispo Renato Cardoso

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