Disculpas

Disculpas

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Duda: sospecha, inseguridad o vacilación, la duda es un estado de espíritu en el que la persona es incrédula de la posibilidad de llegar a la fe. Muchos dudan de sí mismos, pero la peor duda que puede surgir es la dirigida a la eficacia del poder de Dios, es esa la que impide que la persona se disponga a sacrificar.

Individualismo (egoísmo): cada uno de nosotros tenemos un sueño que nos acompaña. Unos viven para esconderlo y a otros no les importa llegar a morir para verlo materializado. El sueño no realizado es una de las mayores frustraciones humanas y son contrarias a su propia naturaleza. Dios dio el sueño para que la persona, a través del sacrificio, lo conquiste. Pero, muchos sólo piensan en sí mismos y no en cuánto ese acto exigirá de ellos, por eso, no se disponen a sacrificar.

Separación: un grupo es un conjunto de personas que constituye un todo o una unidad. Comparten algo en común, algo que las une. Cuando una persona se coloca al margen del grupo y se aísla es, porque no comparte, en este caso, la misma fe. Este acto acaba por hacerla separarse de los demás y, en última instancia, la lleva a la falta de disposición para sacrificar.

Culpa: no existe algo por qué luchar, la vida está estable, los problemas que tiene son “normales” del día a día… en realidad, siempre existe algo o alguien a quien buscamos echarle la culpa cuando queremos justificar nuestra falta de actitud. Cuando la persona no se quiere disponer a sacrificar, rápidamente atribuye y distribuye culpas, siendo ella misma la única “inocente” en la historia.

Último: una de las mayores disculpas utilizadas por las personas que no se quieren comprometer a sacrificar es que ellas siempre se quedan últimas. Como infelices y castigadas por la vida que tienen, se defienden siempre alegando la ausencia de oportunidades, algo que culmina en su infortunio constante. No sacrifican, entonces, porque la vida nunca se lo permite.

Lástima: existen personas que intentan superar los pequeños obstáculos de la vida intentando despertar la pena de terceros. La persona cuenta siempre su historia como si de una víctima constante se tratase porque quiere que el pastor y los otros entiendan su situación y tengan pena de ella, por eso, mientras esa postura surta efecto ella nunca se dispondrá a sacrificar.

Pobreza: peor que la pobreza o miseria física, es la persona que presenta una pobreza de espíritu. Este tipo de pobreza no nace con la persona, sino que se va desarrollando, a medida que ella va dejando de vivir su fe y, por eso, se vuelve cada vez más pobre, revelando una indisponibilidad creciente para sacrificar. ¡Cuánto más pobre de espíritu es, menos dispuesta para sacrificar estará la persona!

Apariencias: quien se preocupa con lo que los demás van a pensar o hablar de él, ¡vive de apariencias! Y vivir de este modo es peor que vivir bajo un régimen dictatorial, ya que lo primero es auto impuesto. Por eso, sacrificar o no acaba por no ser un acto individual, sino un acto subyugado al escrutinio de los otros. Y quien sabe que será objetivo de las críticas, no se dispone a sacrificar.

Soledad: una persona que quiere resolver su problema sola, a su manera, para muchos es una demostración de fuerza o de independencia. Sin embargo, al hacer eso, la persona también está diciendo que no necesita de nadie más, incluido de Dios, por eso, no se dispone a sacrificar.

 

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