Disciplina contra la procrastinación

Disciplina contra la procrastinación

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Posponer compromisos y tareas importantes son características de quienes favorecen el ahora y perjudican el mañana, que no está tan distante como se piensa.

El control del videojuego al alcance de la mano habla fuerte, «llamando» a su dueño. El sillón, ayudante del juego, es otra invitación al dolce far niente, una expresión italiana ideal para la ociosidad, así como ese vistazo sin fin a las redes sociales. Respondiendo a esos llamados del ocio, el proyecto que debe presentarse en la empresa o el trabajo de la facultad se posterga y el resultado casi nunca es satisfactorio, principalmente si se compara a los que invirtieron tiempo, seriedad y profesionalismo.

Sin embargo, como estamos en la época de la idolatría del ego, el «hombre delicado» se cree «agraviado» cuando enfrenta las consecuencias de su procrastinación. La esposa se queja del marido por no hacer los quehaceres del día a día y es vista por él como aburrida, o el compañero que se dedicó a un buen proyecto recibe un ascenso, y le vienen pensamientos como: «Ese chupamedia arribista logró lo que quería».

Por tener que girar para realizar las obligaciones a los 44 del segundo tiempo, surge en el hombre la autocompasión o el «eso me estresa».

Hombres y niños

La disciplina siempre diferenció al hombre del niño, independientemente de la edad que tenga. Es una cuestión de actitud, no de fecha de nacimiento. Si el éxito del disciplinado es seguro, también lo es el fracaso del displicente.

Es común que un niño, por ejemplo, prefiera la golosina antes de la comida. Un dulce habla más fuerte que el apetito, pero tiene su precio, impide que coma lo que realmente le hace bien. No obstante, si hablamos de un hombre maduro, no justifica que quiera, en primer lugar, satisfacer su centro de recompensa cerebral. Por hacer eso, muchas personas dejan las tareas importantes para después, y eso a la larga las perjudica. Por otro lado, quienes las realizaron, pueden disfrutar realmente en el momento oportuno –con la conciencia tranquila y satisfecha– del descanso. Así sí, la verdadera recompensa hace bien y recarga la batería para los próximos desafíos.

Sí, hacer determinadas cosas puede resultar aburrido, pero planearlas y ejecutarlas de manera adecuada genera recompensas aún más grandes que, si se reciben antes de tiempo, están cargadas de culpa –merecida– e irresponsabilidad. El que dejó para organizar las valijas minutos antes de ir al aeropuerto que lo cuente; cuando llega a su destino se da cuenta de que dejó el desodorante, la ropa interior o incluso algún documento importante en casa.

No hay nada de malo en el ocio, desde que sea administrado con inteligencia. Es necesario, pero debe respetarse, porque, si se pasa del límite de tiempo, dejará de ser una pausa reparadora y se convertirá en pereza.

Los japoneses tienen este hábito al momento de comer: cuando se dan cuenta de que están a punto de satisfacerse con una comida, dejan de comer. Pocos minutos después, el organismo se sentirá satisfecho y aprovechará mejor los alimentos sin sobrecargarse. Esto es mejor que seguir comiendo algo exquisito y luego sentirse «pesado» con su cuerpo para digerir todo o deshacerse del exceso y almacenarlo en «rollitos» en forma de grasa.

El hábito del japonés sirve de ejemplo para otras áreas de la vida, incluso para el descanso. Debe haber un límite claro de tiempo. Si se pasa del tiempo estipulado, los «tentáculos de la pereza lo agarran» y, tentadoramente, eso se convierte en un mal hábito. El sillón, luego de un día de trabajo bien realizado, es una recompensa por mérito. Sin embargo, pasar todo el día sentado, como el famoso personaje panzón del dibujo animado, no es la imagen de la recompensa, sino del vicio, de un hombre al que no se puede tomar en serio.

Antes de ceder a la tentación de dejar para después el estudio, el trabajo, los quehaceres domésticos, la salud y otras cosas importantes para darle prioridad al ocio, ¿qué le parece hacer todo antes y después disfrutar de su descanso sin culpa? Y ese ocio, por supuesto, con límites.

La disciplina sigue siendo la mejor arma y prevención contra la procrastinación: «El que al viento observa, no sembrará; y el que mira a las nubes, no segará», Eclesiastés 11:4.

Acérquese a la reunión del Congreso para el Progreso, una conferencia motivacional que se realiza en todas las Universal del país. Los lunes, a las 8 h, 10 h, 16 h y 20 h.

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