Dios ve nuestro interior

Dios ve nuestro interior

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Nosotros hemos enseñado sobre los escogidos de Dios y con qué criterio Dios nos escoge. Sin embargo, pocos saben que existen dos tipos de personas: usted es uno u otro.

Existen personas que solo tienen fe natural, la fe con la que nace, que ya viene con su naturaleza. Hay otras que tienen fe sobrenatural, además de la fe natural. El número de las que tienen fe sobrenatural es mucho menor que la cantidad que posee fe natural. Por eso, las personas que solo tienen fe natural critican a aquellas que tienen fe sobrenatural. ¿Por qué sucede esto? Porque la fe sobrenatural viene de Dios, del Espíritu de Dios y, para que ella venga sobre nosotros es necesario que reunamos ciertas condiciones. Dios ve esas condiciones, y la primera condición es la justicia.

A veces, la persona es un delincuente, un asesino, vive una vida irregular, cruel, es mala, pero ella es así no porque quiere: ella es dominada por un espíritu del mal. Lo que Dios ve es el corazón, Él no ve nuestro exterior. Él ve que aquella persona vive en la criminalidad, pero, dentro de ella existe una aspiración, un deseo sincero de vivir en la justicia. Cuando la persona tiene ese deseo, el Espíritu Santo desciende sobre ella y le da la oportunidad de ser salva.

Es por eso que en la Universal tenemos personas que antes eran delincuentes, traficantes, entre otras cosas. Personas que eran del mundo del crimen y hoy están trabajando para el bien. Personas que fueron escogidas por el Espíritu Santo. Dios vio en esas personas un deseo, una sed de justicia. Mientras, en paralelo, hay personas religiosas, que no le hacen mal a nadie, caritativas, etc., pero aún no fueron reveladas, no fueron escogidas por Dios para recibir esa fe sobrenatural.

Entonces, esas personas critican y envidian a quienes tienen la fe sobrenatural. Por lo tanto, si alguien le critica o critica a la Universal por su fe sobrenatural, no le dé oídos. No responda. Esas personas critican porque aún no tuvieron la revelación del Espíritu Santo. Solamente las personas escogidas suben al Altar a sacrificar. Ellas suben por la fe que Dios les dio.

Me gustaría hablar con mis compañeros, pastores, obreros, obispos, toda la congregación de la Universal para que no se dejen afectar por las críticas, con las piedras, con las infamias, porque esas personas que hoy nos critican, mañana, quién sabe si estarán con nosotros batallando por la misma fe, como sucedió con el apóstol Pablo, quien perseguía a la iglesia primitiva y después se volvió un perseguido. Entonces, vaya en su fe, porque usted fue una persona escogida. Dios, en Su infinita misericordia, nos escogió. Me escogió y le escogió a Usted. ¿Acaso no somos bienaventurados?

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