Desahogo

Desahogo

Por

20160818

¡Buen día, obispo!

Disculpe mi desahogo……

Ayer me sorprendí con notas impresas en varios medios de comunicación. Nada que no haya visto u oído decir desde que conocí la Iglesia Universal. Una noticia más o una menos que hable al respecto de la Iglesia, no suele llamar mi atención. Pero aquella era diferente. Traía impreso un nombre: obispo Alfredo Paulo.

Ese fue el hombre que estaba predicando cuando entré por primera vez en una Universal, en mi adolescencia, hace más de 15 años. Él fue el hombre de quien aprendí las primeras enseñanzas. Por medio de sus palabras gateé, caminé y crecí espiritualmente. Fue él quien, a mis 16 años, predicó en las vigilias en las que participé a la madrugada y, en muchas de ellas, tuve que dormir en un asiento de la iglesia, porque no tenía cómo irme a casa.

¿Cómo olvidar al hombre que nos alfabetizó en la fe? ¿Cómo no tenerlo relevantemente en nuestros recuerdos, con cariño y admiración? Fue lo que me llevó a abrir la noticia – algo que normalmente ni siquiera hago cuando está el nombre de la iglesia en la tapa. Y como si no bastase, soñé con eso. Pasé el día preguntándome por qué aquel hombre había caído. ¿Qué habría sucedido? Y decidí investigar. No es muy difícil, hoy en día, cuando se tiene Google, Facebook, y tantos otros medios de comunicación. Lo que encontré fue una página personal, en una red social, que destilaba veneno. Pensé, pensé mucho en abrir, o no, uno de aquellos videos…

Tengo dos amigas que se pelearon el año pasado. Ambas no se hablan más desde entonces, pero mantengo contacto con las dos, separadamente. No sé quién de las dos fue la correcta o la equivocada en la confusión. Ellas estaban solas cuando todo sucedió. Cada cual trae su versión – y tampoco me interesa lo que sea que haya pasado entre ellas. La cuestión es que, durante todos estos meses, una de ellas habla de la otra con cariño y pesar, por haberse separado. Para ella, no fue más que un malentendido. Esa sigue su vida y, de una manera sutil y sin demostrar ningún tipo de rencor, recuerda lo que sucedió con tristeza y respeto. La otra, hace meses carga un odio que la viene consumiendo. Frecuenta una iglesia evangélica y en año nuevo estaba irritada con el pastor porque él le había orientado a que perdonara. Siempre que habla de la vieja amiga, la llama monstruo, víbora, y carga una rabia tan grande que parece no caber en el propio pecho. Cada vez que le muestro el beneficio del perdón, soy atacada con palabras. Fue cuando comencé a darme cuenta de que, aunque no me corresponda a mí juzgar lo que había pasado, la manera como ambas vienen actuando frente al problema, ha sido suficiente para que yo pudiese ver quién me hacía mal y de quién debía alejarme.

Y fue esa la razón por la cual decidí NO abrir aquellos videos. Porque no me interesa lo que aquel hombre tiene para decir sobre la Iglesia. Alguien que construyó una página en Facebook, y permanece durante dos meses vomitando tanto ODIO sobre cualquier persona, cosa, institución, o lo que sea, no merece ser oído. Conocemos a un árbol por los frutos. El diablo me llevó a un árbol lleno de frutos podridos y yo opté por NO recogerlos.

Soy una ex obrera que viene intentando hace 13 años volver a tener fe. Una vez que caemos, pasamos a tener un abismo siete veces mayor que cualquier otro para escalar. Yo elegí dejar la Obra de Dios y me arrepiento cada día de mi vida en esta última década. En todos estos años, NUNCA dudé de la integridad de la Iglesia Universal. A los errores que ella (o su dirección) pueda tener, no me corresponde a mí juzgarlos. Fue allí que Dios cambió mi vida. Es allí en donde aprendo a vivir. Fue donde vi a centenas de personas siendo transformadas y curadas. Es donde veo a los pastores dando su sangre, sin vacaciones ni vida personal, para mantener las puertas abiertas a cualquier hora de día o de la noche. Es donde he visto iglesias e iglesias siendo abiertas por el mundo – razón por la cual las ofrendas son necesarias, pero no obligatorias. Doy las mías cuando quiero – y SI quiero.

Muchas y muchas veces desee, ardientemente, volver a aquel asiento en Belo Horizonte, donde estaba predicando el obispo Alfredo Paulo, y aprender todo otra vez. Hoy, continúo con ese mismo deseo. Si eso fuese posible, aprovecharía la oportunidad y le diría a él, que no solo para mí, sino que también predicase para sí mismo. Porque ese abismo que viene separándome de Dios, mientras yo todavía, por lo menos, he intentado encontrarlo nuevamente, será infinitamente mayor para él, que parece haberse entregado a sí mismo al diablo.

No es posible cosechar higos de espinos, ni tampoco uvas de hierbas dañinas. De la misma forma, tampoco sería posible oír la Voz de Dios en una boca que viene predicando tanto odio, injusticia e ingratitud. Siento ALIVIO por no haber abierto aquellos videos, porque de todo lo que debo guardar, lo principal, es mi corazón.
Que DIOS continúe bendiciéndolo, obispo, y a toda la dirección de la iglesia.
Disculpe mi desahogo.

Julia

Colaboró: Obispo Fernando Souza