Cuando no debemos pedir ayuda a Dios

Cuando no debemos pedir ayuda a Dios

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” Y mirándole el Señor, le dijo: Ve con esta tu fuerza, y salvarás a Israel de la mano de los madianitas. ¿No te envío Yo?” (Jueces 6:14)

“A ti te digo: Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa.” (Marcos 2:11)

“Ahora pues, ve, y Yo estaré con tu boca, y te enseñaré lo que hayas de hablar.” (Éxodo 4:12)

¿Qué tienen en común estos versículos?

Si lee con atención, se dará cuenta que todos ellos tienen una orientación clara: ve.

En el primer caso, un ángel habla por Dios al enviar a Gedeón a la guerra y le aconseja que use su fuerza.

El segundo versículo es una frase del Señor Jesús, ordenándole a un paralítico que se levante y tome su lecho.

Por último, en una de las misiones más importantes de la historia, Dios le garantiza a Moisés que Él le enseñará qué decir, pero es necesario que el hebreo actúe, dirigiéndose a Egipto.

Podemos concluir, por lo tanto, que la similitud de los versículos anteriores es la certeza de que Dios da fuerzas y aconseja, pero solamente a aquellos que persiguen sus objetivos.

No se detenga a pedir

En su blog, el escritor y conferencista Renato Cardoso explica por qué la Biblia se dedica tanto a incentivar la acción de los cristianos: “Dios solo puede ayudarlo cuando usted se ayuda, hace su parte. Dios no trabaja solo. Él usa lo que usted hace.”

De hecho, Dios reveló, en el libro de Apocalipsis, 22.12 : “He aquí Yo vengo pronto, y Mi galardón Conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra.”

Es decir: la recompensa que viene de Él está basada en lo que cada uno hizo por sí mismo. Renato Cardoso aclara que, por eso, es necesario estar atento para no esperar que Dios haga todo sin que cada uno se esfuerce.

“Ayudarse es hacer lo que le corresponde, no esperar a nadie, ni a que Dios haga lo que es de su responsabilidad”, afirma el escritor. “No sirve reclamar, preguntándole a Dios por qué aún no sucedió esto o aquello, mientras que usted ni siquiera hace su parte.”

Así, la Biblia aconseja: “Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas.”  (Eclesiastés 9.10)

El hombre, sin embargo, es limitado. Y cuando se alcanza ese límite Dios actúa, multiplicando las fuerzas de cada uno. Él le muestra el camino que debe seguir aquel que está dispuesto a hacer la caminata, y fortalece a quién Lo busca.

El primer paso para vencer el problema, por lo tanto, es levantarse y decidir actuar en contra del obstáculo que se presenta en su vida. ¿Quiere saber cómo hacer eso? Visite la Universal más cercana a usted hoy mismo.

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