Cuando la vida pierde sentido

Cuando la vida pierde sentido

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salud01802La Organización Mundial de la Salud ya la considera la segunda causa de discapacidad en el mundo (por horas de productividad perdidas). Especialistas consultados coinciden en que, aunque predomina entre los adultos mayores, es un trastorno que se ve en todas las etapas de la vida. Es la depresión.

“Resulta de una combinación de circunstancias, que suma causas externas, psicológicas y sociales, a la susceptibilidad individual”, dice Fernando Taragano, de la sección de Investigación y Rehabilitación de Enfermedades Neurocognitivias del Cemic.

Aunque no hay datos locales, se calcula que en la Argentina un 8% de los mayores de 65 años, es decir, unas 320 000 personas, padece algún tipo de depresión. Entre los adultos jóvenes, la enfermedad afecta al 2% de la población, es decir, unas 370 000 personas.

“Cada grupo expresa la depresión con signos y síntomas que responden a la edad y al desencadenante. En el adulto mayor lo que predomina es la tristeza, y en los chicos o jóvenes, la irritabilidad. Por eso, muchas veces el síndrome depresivo no es fácil de diagnosticar”, explicó Taragano.

“Es muy frecuente -afirma el doctor Hugo Litvinoff, psicoanalista didacta de la Asociación Psicoanalítica Argentina-. Es un momento en que hay una vivencia de insatisfacción generalizada. Todos quisiéramos vivir un poco mejor, tenemos baja la autoestima, temores respecto del futuro y frustración sobre lo que no conseguimos. Esto no sería lo que se conoce como una patología propiamente dicha y se atenúa con la psicoterapia. Sin embargo, hay casos en que se profundiza y tiende a evolucionar [hacia la depresión clínica], especialmente en los adultos mayores: es una etapa en la que caen los ideales, se hace el balance y resulta que la vida no nos salió como habíamos planeado”.

Aunque todos atravesamos momentos difíciles, problemas económicos o laborales, dificultades familiares, frustraciones y desencuentros amorosos, no todos nos deprimimos. “Una cosa es la melancolía o la tristeza, y otra, la depresión clínica -puntualiza el doctor Daniel López Rosetti, jefe del servicio de Medicina del Estrés del Hospital de San Isidro-. Es el último cuadro el que se caracteriza por interferir negativamente en la vida familiar, social o laboral”.

“La tristeza surge como respuesta frente a una situación, pero es pasajera y autorregulada -explica el doctor Juan Marengo, especialista del Instituto de Neurología Cognitiva (Ineco)-. La depresión propiamente dicha es un síndrome caracterizado por una serie de síntomas y signos, con una evolución que uno puede describir en el tiempo. Tiene que durar por lo menos un par de semanas, con predominio de ánimo triste, más otros componentes neurovegetativos, como trastornos del sueño, del apetito, irritabilidad, abulia, falta de iniciativa…”.

Génesis y ambiente
Para López Rosetti, que estudia el estrés desde hace varias décadas, si bien existe un sobrediagnóstico de depresión (“porque no es sencillo caracterizarla y entonces se la utiliza para justificar mucho ausentismo laboral”), no hay duda de que está vinculada con ese proceso en su forma crónica, que aparece cuando las cargas físicas y/o mentales superan la capacidad de resistencia del paciente.

“Los seres humanos estamos preparados para el estrés agudo, como el que enfrentamos en un accidente y otras situaciones puntuales, pero no para el estrés crónico a que nos somete la vida moderna y que estamos sufriendo desde hace dos generaciones -explica el médico-. La depresión es uno de los «polos sintomáticos» de este síndrome. Se expresa como apatía, desgano, desinterés, desensibilización emocional, problemas de memoria, anhedonia [incapacidad para el juego, la diversión o el humor] o sensación de que la vida no merece ser vivida. El otro polo es la ansiedad, y en muchas ocasiones ambas se solapan o superponen”.

La pregunta del millón es ¿por qué aumenta? “Hay varias teorías -responde Taragano-. La más potente es la que sugiere que crece porque también lo hacen los estresores psicoambientales. Son acumulativos por su cantidad e intensidad; se van sumando a lo largo de la vida. Ese también es el motivo por el cual se sospecha que a medida que pasan los años aumenta la susceptibilidad a la depresión”.

Lo bueno es que, contrariamente a lo que muchas veces se piensa, hoy hay formas de prevenir y tratar eficazmente la depresión. “El antidepresivo más potente que hay es la actividad física -dice Marengo-. Está demostrado que resulta una adecuada estrategia preventiva”.

“No hay nada más antidepresivo que la caminata -coincide López Rosetti-. Caminata y no deporte, que implica competencia. Está muy probado. Y además, aumenta la neuroplasticidad y las sinapsis de las neuronas. En términos de salud no sé qué podría superar a una dieta equilibrada, caminata diaria y un proyecto que genere entusiasmo. Otro recurso que ofrece buenos resultados son las técnicas de desactivación del sistema nervioso simpático”.

Una gran ladrona
Taragano, por su parte, subraya que “la depresión es una gran ladrona: roba el entusiasmo, la alegría, el sueño, a veces, el hambre, las fuerzas físicas, la vitalidad cotidiana, la capacidad para concentrarse y, en ocasiones, las ganas de vivir. Lo que le cuesta a la persona con depresión es moverse; por eso, una vez que está instalada es un error mandar a los pacientes a hacer ejercicio antes de iniciar un tratamiento de psicoterapia y psicofarmacología”.

La depresión la estaba consumiendo

salud02802Claudia Aquino no se encontraba bien, la situación que vivía a diario en su relación la hizo sumergirse en la depresión. Padecía dolores de cabeza y de estómago, llegando a vomitar sangre debido a los nervios y los celos. Llegó a estar en ese estado debido a una relación sentimental conflictiva.

“Sufrí muchísimo cuando estaba en pareja. Él tomaba, fumaba y me golpeaba. Era terrible, recuerdo que me perdía en la calle, estuve viviendo así hasta que me separé por esos problemas”, afirma.

Buscando recomenzar su vida, Claudia se acercó a la Universal, escuchó la palabra de Dios y se decidió a usar su fe. Perseveró en las reuniones, creyó y confió, pues estaba determinada a ser feliz. Quería vencer la depresión y finalmente lo logró, Dios sanó las heridas de su corazón y quitó la tristeza. Cambió internamente y siguió luchando hasta realizarse en su vida sentimental. Hoy Claudia se encuentra casada, viviendo una vida plena en armonía. El cambio solo sucedió cuando ella tomó la actitud de luchar por una vida diferente, cuando buscó al Único que tiene poder para revertir cualquier situación.

Ella concurre a la Universal de Ezeiza, ubicada en la calle Diego Lauré 296.

[fotos foto=”El Universal”] Fuente: El Universal y La Nación