Confiese victorias, no derrotas

Confiese victorias, no derrotas

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Obispo Macedo alertó sobre el peligro de confesar los problemas y terminar glorificando más al diablo que al  proprio Dios

El obispo Macedo inició su programa en la IURDTV realizando una oración especial para que todos recibieran el Espíritu Santo. Seguidamente, con mucha osadía, determinó: “Su vida cambia a partir de ahora”, y continuó diciendo: “Usted no conoce su potencial, por eso está entregado a las luchas y a los problemas; está como Jeremías que protestaba y se lamentaba… y decía: – no va a funcionar. Cuanto más confiese eso, es peor. Cuanto más se queja del dolor; más  glorifica al diablo. ¿Qué es lo que usted quiere? ¿Compasión? Que digan:-ay pobrecita. Aprenda a vivir y a defender a su fe.

“Y no va a servir de nada si clavamos su nombre en la cruz ¿Sabe, por qué? Porque es usted quien termina enumerando sus lamentos, confesando sus fracasos. En otras palabras, usted le entregó sus problemas a Dios, pero continúa lamentándose. Amigo, es cuestión de inteligencia”, destacó.

El obispo también enseñó como vencer las debilidades para no caer en el error de confesar la derrota. “Cuando usted confiesa sus debilidades, se hunde aún más. Pero si usted calla frente a un pensamiento malo e, interiormente, lucha en contra, ese es un buen combate; no se trata de pelear con las personas; usted tiene la fe, en ese mismo momento usted lo rebate y dice: -está amarrado.

Preste atención a esto: “Usted es fuerte! Para nacer, usted fue el único que se salvó entre millones de espermatozoides. ¡Usted llegó! ¡Nosotros ya nacemos fuertes!”, reflexionó.

También agregó que: “Permanecer fuerte, es vencer los pensamientos de miedo y de duda, que vienen a su mente; y que vienen a la mía también…  Nos sucede a todos nosotros. Luchamos en nuestro interior, combatimos nuestras debilidades dentro de nosotros, resistimos esa voz del mal y vencemos”.

Concluyó explicando: “La fe es el poder de Dios dentro de nosotros, eso es lo que está escrito.”

El programa finalizó cuando el obispo Macedo hizo la oración por los que sufren, los desesperados y por aquellos que tuvieran sed de Dios.

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