Concentración por la Cura de los Vicios

Concentración por la Cura de los Vicios

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El martes 10 de marzo, a las 20 horas, el Obispo Rogério Formigoni comenzó la Concentración por la Cura de los Vicios en Buenos Aires, con transmisión en vivo para toda la Argentina. Aproximadamente 22 mil personas estuvieron reunidas esa noche en búsqueda de la solución de este problema, que es considerado el mal del siglo.

El Obispo Formigoni comenzó el tratamiento garantizando el cambio en la vida de todos los que, directa o indirectamente, sufrían con los vicios. Les explicó a los familiares cómo funciona la mente del adicto y explicó el mecanismo de la cura.

“El vicio es un laberinto, todos los que están en él buscan una salida, pero no logran encontrarla” – afirmó el Obispo Formigoni, añadiendo que:

“Para la Psiquiatría el vicio es una enfermedad incurable, progresiva y fatal, pero estamos aquí para probar que eso no es verdad, ¡los vicios tienen cura! Y nosotros conocemos la puerta de salida de ese laberinto, pues pudimos salir.”

Esta afirmación no se limitó solo a palabras. El joven Martín, de 18 años, fue solo uno entre tantos otros que salieron curados de esa concentración. Él, que desde pequeño sufría con los vicios, llegó adicto al cigarrillo, a la marihuana y a la cocaína. Pero, a través de la oración de la cura, fue libre de manera comprobada, al tener náuseas tan solo al sentir el olor de lo que antes lo hacía esclavo.

Otro gran testimonio presenciado fue el del señor Mauricio Gómez, que hacía casi 40 años consumía cigarrillo, marihuana, hongos, cocaína, pasta base, crack y todo tipo de drogas. Viajó desde Colombia hacia Argentina especialmente para la concentración, y salió libre de lo que lo había aprisionado durante décadas.

Al final del tratamiento, el Obispo Formigoni alertó que la cura solo es definitiva cuando el espíritu del vicio sale y entra el Espíritu de Dios. En esta oportunidad, el Pr. John Quintero, responsable por el trabajo de la Cura de los Vicios en Argentina, oró por todos los que decidieron entregar sus vidas al Señor Jesús.

Conforme fue garantizado al principio de la reunión, fue una noche transformadora en la vida de todos los que participaron. Todos tuvieron la oportunidad de comprobar que, de hecho, hay cura para los vicios.