Como siervo, ¿qué ha hecho con los talentos que le fueron confiados?

Como siervo, ¿qué ha hecho con los talentos que le fueron confiados?

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Porque el reino de los cielos es como un hombre que yéndose lejos, llamó a sus siervos y les entregó sus bienes.

Cuando Dios creó a Adán y a Eva, también les confió autoridad sobre toda la Tierra. (Génesis 1.26) Ellos le regalaron su dominio al diablo. Y la humanidad creció desordenadamente. Y lo peor, alejada del Creador.

A uno dio cinco talentos, y a otro dos, y a otro uno, a cada uno conforme a su capacidad; y luego se fue lejos.

A cada siervo le son dados talentos. Siempre, de acuerdo con la capacidad individual de multiplicarlos.

Y el que había recibido cinco talentos fue y negoció con ellos, y ganó otros cinco talentos. Asimismo el que había recibido dos, ganó también otros dos. Pero el que había recibido uno fue y cavó en la tierra, y escondió el dinero de su señor.

Los dos primeros siervos fueron fieles. Obedecieron al Señor. Así es, actuaron la fe.

Mientras tanto el tercer siervo, además de ser perezoso y desobediente, fue infiel.

Después de mucho tiempo vino el señor de aquellos siervos, y arregló cuentas con ellos.

Tarde o temprano, nuestro Señor Jesús volverá. Entonces nos juzgará de acuerdo a la obra de cada uno.

Y llegando el que había recibido cinco talentos, trajo otros cinco talentos, diciendo: Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros cinco talentos sobre ellos. Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.

Llegando también el que había recibido dos talentos, dijo: Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros dos talentos sobre ellos. Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.

Pero llegando también el que había recibido un talento, dijo: Señor, te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste y recoges donde no esparciste; por lo cual tuve miedo, y fui y escondí tu talento en la tierra; aquí tienes lo que es tuyo.

El eterno gozo de la salvación depende de la fe (obediencia) y fidelidad para con el Señor y Salvador. No de sentimientos en la iglesia.

Este siervo malo, desobediente e infiel, tenía ojos malos hacia el Señor. Este siervo lo juzgaba severo e injusto.

Tal vez porque recibió apenas un solo talento. Sin embargo, ¿qué sería más fácil?: ¿multiplicar uno o multiplicar cinco talentos? Es obvio que un talento sería más cómodo. Es decir: el Señor había facilitado su trabajo. Pero, por ser malo, no lo veía de esa manera.

Respondiendo su señor, le dijo: Siervo malo y negligente, sabías que siego donde no sembré, y que recojo donde no esparcí. Por tanto, debías haber dado mi dinero a los banqueros, y al venir yo, hubiera recibido lo que es mío con los intereses.

Quitadle, pues, el talento, y dadlo al que tiene diez talentos. Porque al que tiene, le será dado, y tendrá más; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado

El talento escondido será sacado.

Y al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes.

Ese es el destino final de los desobedientes, rebeldes, infieles, indolentes y malos.

No importa si es siervo hoy; si no se niega a sí mismo, toma su cruz y sigue con  perseverancia en obediencia y fidelidad hasta el fin, va a llorar y a crujir los dientes  toda la eternidad.

Mateo 25.14-30

La parábola de los talentos ilustra la lealtad requerida de los verdaderos siervos de Dios. La enorme cantidad de dinero implica la confianza del Señor en los siervos. Y, la suma de dinero simboliza la salvación de cada siervo.

¿Cómo ha usado su autoridad de siervo del Altísimo?

No se trata de ser ofrendante y diezmista fiel, sino de su condición de siervo de Dios, también en relación a su prójimo.

“Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio…” Hebreos 9.27, ¿qué será de su alma antes de morir?

La mayoría de los padres tienen el cuidado de dejarles herencia a sus hijos. Sin embargo, los nacidos de Dios se esfuerzan para ganar almas. No sólo mientras  están vivos, sino también después de su partida.

Como siervo, ¿qué ha hecho con los talentos que le fueron confiados?

Si la parábola de los talentos no fuera suficiente para despertar su responsabilidad de ayudarnos a ganar almas, entonces lea Ezequiel 33:1-9.

La obra de Dios consiste en ganar almas. ¿De qué sirve tener título de obispo, pastor, auxiliar u obrero, si no gana almas?

Usted no necesita estar en el altar para ganar almas. Pero puede contribuir con una ofrenda mensual para que, por medio de IURD TV, lo hagamos por usted.

Con toda seguridad, a cada uno de nosotros nos demandarán los talentos que nos fueron prestados.

“Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.” Filipenses 4.19

Así sea con cada contribuyente!

Obispo Edir Macedo