Cómo el relato bíblico de Naamán puede cambiar su vida

Cómo el relato bíblico de Naamán puede cambiar su vida

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¿Qué se necesita para que Dios haga un milagro en su vida?

Naamán, después de haber oído sobre el poder del Dios de Israel, creyó que lo necesario sería llevar oro y plata al profeta del Señor. Eso haría que su lepra desapareciera.

Así que cuando el profeta Eliseo le dijo que para que sea curado tendría que bañarse en el río Jordán siete veces, Naamán se enojó:

“He aquí yo decía para mí: Saldrá él luego, y estando en pie invocará el nombre del Señor su Dios, y alzará su mano y tocará el lugar, y sanará la lepra.  Abana y Farfar, ríos de Damasco, ¿no son mejores que todas las aguas de Israel? Si me lavare en ellos, ¿no seré también limpio? ” 2 Reyes 5:11-12

Lo que Naamán no entendía es que las aguas no lo curarían, sino la obediencia a Dios. Hasta entonces él era vencedor de guerras y devoto de varios dioses. Lo que esperaba era un ritual religioso realizado por Eliseo, sobre todo después de viajar una gran distancia para encontrar al profeta.

“Allí está nuestro problema. Porque todos nosotros cuando llegamos a la Iglesia ya teníamos nuestra opinión bien definida de las cosas. Entonces, conforme a su crianza, a su religión, a lo que usted cree, a lo que piensa, usted ha formulado su opinión” explica el obispo Edson Costa.

Él aclara que el hombre no tiene todo el entendimiento de Dios. Por eso, muchas veces el camino que creemos que es el mejor no es el mismo que Él elige. “La mayoría de las veces, Dios hace exactamente lo contrario de lo que pensamos”, afirma.

No pierda la sensibilidad

La historia de Naamán, relatada en la Biblia en el capítulo 5 de 2 Reyes, trae dos cuestiones  importantes, destacadas por el obispo Edson Costa: la primera se refiere a la sensibilidad, y la segunda habla sobre la obediencia.

Naamán ya había intentado de todo para librarse de la lepra, pero no lo lograba. Cuando oyó hablar de un Dios que no conocía, inmediatamente se animó a visitarlo en tierras distantes.

Muchos problemas en la vida del hombre actúan como la lepra: lastiman, deterioran la salud física y espiritual y hacen a la persona perder el tacto, la sensibilidad. Delante del problema, el hombre desiste de luchar.

“Lo peor que puede suceder en la vida de alguien es ser insensible en relación a la vida que está viviendo. La persona pierde la sensibilidad delante de la derrota. Ella está en una situación de fracaso, de derrota, pero ya se entregó de tal manera que no logra sentir la derrota, no logra sentir el fracaso, no logra sentir vergüenza. Entonces, le da igual. Ya se conformó con la situación. Perdió el poder de reacción”, afirma el obispo.

Lo importante en ese primer punto es confiar en Dios. Creer que Él puede cambiar su situación, buscarlo y, principalmente, obedecer.

La llave del cambio

Naamán no aceptó bañarse en el río Jordán hasta que sus oficiales le preguntaron: “Padre mío, si el profeta te mandara alguna gran cosa, ¿no la harías? ¿Cuánto más, diciéndote: Lávate, y serás limpio?”  2 Reyes 5:13

Todo lo que Dios verdaderamente pide a cambio de Su acción es la obediencia.

“La obediencia es la clave para todo”, explica el obispo Edson. “A través de esta obediencia Dios hace que el milagro suceda. Y no importa si será la primera, segunda, tercera, séptima, décima o la milésima vez, no importa. Continúe perseverando, continúe sumergiéndose, continúe usando la fe que Dios hará Su parte y cambiará esa situación.”

Al obedecer al profeta, Naamán fue curado y pasó a seguir al Dios Único. Y así también debe ser el hombre: aunque no entienda lo que Dios pide, debe obedecer. Así vendrán los cambios.

“Dios quiere que usted haga como Naamán: olvide sus títulos, olvide sus credenciales. Olvide todo lo que aprendió y lo que dejó de aprender. Sea humilde delante de Dios. Hoy quiero que usted se saque todas sus vestiduras como Naamán. Para sumergirse en el río, él tuvo que sacarse las vestiduras de general de guerra. Todo el mundo lo vio leproso descendiendo al río. Pero todo el mundo lo vio cuando salió curado”, concluye el obispo.

Si usted también quiere curarse de su problema, para librarse de la lepra que dificulta su vida, visite la Universal más cercana a usted hoy mismo y descubra cómo.

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