“Comencé a robarles a las personas en la calle y las cosas de casa”

“Comencé a robarles a las personas en la calle y las cosas de casa”

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La adolescencia para algunas personas puede ser un poco conturbada. Por sí solo, es un período de autoconocimiento, cambios y transformaciones. Debido a ese torbellino de novedades internas y externas, muchos jóvenes necesitan aprender a lidiar con las inseguridades que surgen.

Frente a tantos desafíos, muchos terminan aceptando fácilmente la opinión de las otras personas, se dejan llevar y siguen caminos equivocados. Fue lo que sucedió con Luciana Ramos (foto), de 32 años.

A los 12 años, una amiga de la escuela le ofreció “pegamento” y ella aceptó. A partir de aquel momento, la vida de Luciana cambió completamente. En seguida, ella comenzó a usar varias drogas, como marihuana, crack y lanzaperfume. “Me volví totalmente adicta, se me dio vuelta la cabeza, me volví una joven agresiva. Tomé un cuchillo para matar a mi madre, porque ella me encerraba dentro de casa para intentar contenerme. Ella llegó a ponerles rejas a las ventanas”, cuenta.

La madre de Luciana, desesperada, internó a su hija dos veces en clínicas de recuperación, pero las tentativas fueron vanas. “Me convertí en una mendiga, comencé a robarles a las personas en la calle y las cosas de adentro de casa para conseguir drogas. Fui detenida alrededor de nueve veces, aun cuando era menor de edad”, recuerda.

Se casó con un traficante

La madre de Luciana no sabía más qué hacer y mandó a su hija a la casa de una tía en Río de Janeiro, para ver si mejoraba. Luciana se puso peor.

Se juntó con delincuentes, cometió un robo en un departamento y tuvo que volver a su casa como fugitiva. En búsqueda de una salida, la joven se casó con un traficante, pero se agredían diariamente. La relación no duró mucho y se separaron.

“Yo era muy infeliz en la vida sentimental. Agredía a mi esposo y lo cortaba con un cuchillo”, relata. Su madre no desistió de ella y comenzó a frecuentar la Universal. Un día, su madre le llevó el Universal, donde leyó los relatos de la transformación que Dios hacía en la vida de las personas. “El primer mes fue muy difícil. Yo tenía deseos de lastimar mi cuerpo, tamaña era la agonía que tenía por consumir droga, pero Le pedí ayuda a Dios para vencer esa etapa.”

Luciana encontró fuerzas para proseguir en las reuniones de liberación. “Hoy soy una mujer completa, bien casada y tengo paz. Hoy mi madre está orgullosa de mí y toda mi vida fue transformada”, concluye.

¿Está pasando por problemas de orden espiritual? Sepa cómo librarse de ellos participando todos los viernes a las 8, 10, 16 y 20h, en la Reunión de Liberación, en la Universal de Almagro, Av. Corrientes 4070 o ingrese aquí y encuentre la iglesia más cercana a usted para participar.