Ciprés, el árbol de la fe

Ciprés, el árbol de la fe

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20150620En junio de 2011, un incendio se extendió en un bosque en los alrededores de Valencia, en España. El fuego duró cinco días y consumió 20 mil hectáreas de verde. Pero, sorprendentemente, 946 cipreses que formaban parte del bosque continuaron intactos, mientras que las retamas, los robles y otras especies de árboles fueron completamente consumidos por las llamas.

El caso llamó la atención de los botánicos, ya qua los cipreses estaban expuestos a las mismas condiciones que los demás árboles: un año de baja lluvia, temperaturas superiores a los 30°C, baja humedad y vientos a 50km/h. Después de lo ocurrido, está siendo estudiada la utilización de cipreses como aliados para combatir las llamas. Ellos funcionarían como barreras contra los incendios, para bloquear el fuego y proteger a los bosques de quemarse.

En las Sagradas Escrituras, Dios llega a compararse a Sí Mismo con un ciprés verde (Oseas 14:8), y también se refiere a Su pueblo como cipreses escogidos (Isaías 37:24). Tanto el Padre como los hijos son blancos de esa analogía por una razón muy fuerte. Y, después de leer lo que sucedió con los cipreses de Valencia, podemos entender lo que significa.

Tanto los hijos de Dios como los hijos del diablo viven expuestos a las mismas condiciones: ambos son seres humanos y sujetos a errores, sufren tentaciones, reciben propuestas ilícitas, enfrentan problemas y poseen sus limitaciones. Pero, cuando ven las llamas del pecado, solo los cipreses escogidos permanecen intactos. Mientras tanto, las retamas y los robles son completamente consumidos. Al final, ¿quién podrá resistir al poder destructor de esas llamas, a no ser aquellos que tiene dentro de sí un Poder mayor capaz de resistirlas? Solamente los hijos del Altísimo logran resistir al pecado, porque poseen el mismo ADN de su Padre, que es El Ciprés Verde.

Y la función de los cipreses escogidos no se detiene allí. Ellos no son formados no solo para protegerse a sí mismos, sino para proteger bosques enteros, formando otros cipreses. Hay muchas retamas y robles que necesitan tornarse cipreses, porque no tiene la resistencia suficiente para resistir a las llamas del pecado. Esos representan las almas que todavía están distantes de Dios, y que necesitan a los cipreses para conocer Su Palabra. A partir de entonces, podrán ser cipreses también, y desarrollar la misma resistencia para, como en un ciclo, protegerse a sí mismos y a otros árboles y bosques enteros de los grandes incendios. El conocimiento de la Palabra de Dios es lo que da la condición a alguien de protegerse contra el poder destructor del pecado, y hacer que otros se protejan también.

No importa lo que sucede en el ambiente donde están los cipreses. Puede hacer frio o calor, la humedad puede estar baja o alta, los vientos pueden soplar fuerte o casi no soplar, el bosque puede estar bien conservado o en llamas. Los cipreses permanecen siendo los mismos, porque resisten a todas las influencias externas. Nada que suceda en el exterior afecta su interior, porque lo que está adentro es más fuerte que lo que está afuera.

La pregunta que no se quiere callar es: ¿usted es un ciprés – alguien que resiste las llamas del pecado y forma a otros cipreses -, o es una retama, un roble – que es fácilmente destruido por el incendio que se extendió en este mundo?