Ciencia en la Biblia – Los agujeros negros

Ciencia en la Biblia – Los agujeros negros

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Los famosos agujeros negros en el espacio no son hendiduras, como se puede pensar en un primer momento. En verdad, son la última fase de la existencia de una estrella.

Los agujeros negros son esféricos y macizos como una estrella, pero tienen una fuerza de gravedad aplastante, mucho más allá de lo que podemos concebir respecto a la gravedad normal que conocemos. De tan fuerte, esa fuerza atrae incluso luz, que desaparece en su núcleo – se los denomina “negros” justamente porque absorben a la propia luz, que se emite en su interior, como si la estrella hiciera una implosión. Todo lo que está a su alrededor es atraído.

Obviamente, lo descripto es sólo un resumen, ya que sería mucho más difícil de explicarlo científicamente.

Aunque sean prácticamente invisibles, aun contando con los poderosos equipamientos de observación del espacio, los agujeros negros se distinguen por su interacción con los objetos a su alrededor. A pesar de que el agujero en sí no puede verse, una estrella en movimiento, atraída por éste, puede detectarse denunciando su posición. Curiosamente, eso está escrito en La Biblia, mucho antes de que los astrónomos dispusieran de invenciones arrojadas al espacio, como el telescopio espacial Hubble:

“(…) estrellas errantes, para las cuales está reservada eternamente la oscuridad de las tinieblas.

Judas 1:13

Un imán espacial irresistible

Un agujero negro surge cuando una estrella bastante compacta “se queda sin combustible” para continuar brillando. Su núcleo disminuye bastante respecto al tamaño original, y su gravedad se va de control, atrayendo todo lo que está cerca. La succión es tan fuerte, que es como si el núcleo hiciera una implosión: comienza a atraer su propia masa. Intentando “tragarse”, “se atraganta”, expidiendo colosales cantidades de radiación – aunque también diferentes instrumentos, pueden denunciar la existencia de un agujero negro-.

La fuerte gravedad no soporta tanta energía, y la estrella finalmente estalla, ocasionando lo que se conoce como supernova. Se calcula que en tan solo 1 segundo, esa explosión genera 100 veces más energía que lo que nuestro Sol producirá en toda su existencia – o 100 mil veces el poder explosivo de todo un arsenal nuclear de la Tierra. En el centro de ese fenómeno está lo que es conocido como agujero negro.

Esta es solo una de las numerosas evidencias científicas sobre el universo citadas en la Palabra Sagrada, mucho antes de que el hombre fuera capaz de estudiarlas empleando la tecnología.