10° Día de Ayuno de Daniel

10° Día de Ayuno de Daniel

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20150929

MEDITE en el consejo del Espíritu de Dios:

Al mirar rápidamente la vida de los personajes bíblicos que admiramos, vemos sus cualidades y conquistas, pero poco nos fijamos en sus defectos, pruebas, dolores, luchas personales e, incluso, fracasos. Imaginamos que una persona bendecida tiene la vida facilitada, pues su comunión con Dios le garantiza la felicidad exterior completa, todas las oraciones respondidas y la inmunidad ante los problemas, sin embargo no es nada de eso. La fe no es para facilitar las cosas, sino para darnos condiciones de luchar en la certeza de la victoria.

Un caso que ilustra bien es la vida de Efraín, el segundo hijo de José.
Sabemos que la bendición del primogénito va mucho más allá del derecho de porción doble en la herencia del padre. Por eso, al notar que su padre estaba a punto de morir, José llevó a sus dos hijos hacia él para que los bendijera.

La bendición principal sería para Manasés, pero el Altísimo, por intermedio de las manos de Jacob, contrarió Su propia determinación y eligió a Efraín, el más joven.

«Su hermano menor será más grande que él, y su descendencia formará multitud de naciones. Génesis 48:19«

Recibir una bendición de esta magnitud, proveniente del patriarca Jacob, debe haber hecho su vida muy especial, porque lo puso en la línea de frente entre las doce tribus, pero significaba también que debería estar listo para grandes ataques.

A partir de este gran día, veremos en el futuro su historia llena de dolores, dramas y conquistas.

Efraín anduvo en los caminos de su padre José, con temor y rectitud. Sus hijos fueron Sutela, Ezer, Elada, además de una hija llamada Seera.

Una situación peculiar revela su lucha familiar, pues sus dos hijos, Ezer y Elada se convirtieron en ladrones de ganado y en uno de los intentos de robo murieron. (1 Crónicas 7:21)

Imagínese cuánto dolor y afrenta vivieron el padre y el hijo, pues ambos eran hombres respetados en Egipto por la conducta ejemplar y el carácter, pero Dios permitió que vivieran problemas públicos.

Las Escrituras revelan que durante muchos días, Efraín quedó consternado y lloró la muerte de sus hijos. No sabemos cuánto tiempo duró su llanto, pero ciertamente este sufrimiento estuvo agravado por la mezcla del dolor, por la pérdida, y por no sentirse merecedor de tanta vergüenza.

Por otro lado, mientras estaba sumergido en la tristeza, su mujer dio a luz a otro hijo. Efraín estaba tan decepcionado con la vida que marcó a ese niño, dándole el nombre Bería, o sea, por cuanto había estado en aflicción en su casa. (1 Crónicas 7:23).
Él quería que todos supieran cuán arrasado estaba.

Y, en este ambiente nublado por la aflicción del padre, crecía la joven Seera. Una mujer con una personalidad no común a sus contemporáneas y con un espíritu valiente y emprendedor. Le es atribuida a ella la fundación de tres ciudades: Bet-Horón la baja y la alta, y Uzen-Seera (1 Crónicas 7:24)

Probablemente, su padre, enfocado en el pasado de sus dos hijos perdidos, dejó escapar la alegría de acompañar las conquistas de su hija, el desarrollo de Sutela, su primogénito y no notó que en Bería el Altísimo cumpliría Su promesa de engrandecerlo.

Aunque Bería haya recibido el peso del dolor de su padre en su nombre, construyó una historia con la mirada en el futuro. Miró hacia adelante y llevó la historia de Efraín a los anales eternos teniendo como descendientes a Num y a Josué. (1 Crónicas 7:25)

Josué fue uno de los líderes de la liberación de los hebreos en Egipto y el hombre usado para la conquista de la Tierra Prometida. Por medio de él la Tribu de Efraín ocupó la parte central de Canaán, una región montañosa, pero extremamente fértil y segura, lo que le rindió mucha prosperidad. Posteriormente, el nombre de Efraín fue usado como sinónimo para representar a las 10 tribus de Israel.

Efraín no tenía solo motivos para llorar y permanecer cabizbajo, porque Dios lo bendecía en otros aspectos de su vida. Al ver y valorar solo lo que era malo, perdía el privilegio de la concreción de las promesas.
Lo que había sido motivo de tristeza y vergüenza, sería revertido en honra y alegría indescriptibles.

Comprendemos que una persona incrédula, al pasar por aflicciones, pierde sus esperanzas, pues sin Dios, ningún mal puede transformarse en bien. Sin embargo, los de la fe gozan de extrema ventaja, porque tienen la certeza de que todo coopera para el bien de los que aman al SEÑOR. (Romanos 8:28). Las “derrotas” de hoy garantizan las victorias de mañana. Las vergüenzas y humillaciones de hoy garantizan la honra de mañana. Los llantos de la noche garantizan la alegría por la mañana. Es así que se vive por la fe.

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Comentarios

Sucedió en el Templo de Salomón
Marcele Ribeiro

¡Buen día obispo!
Soy nacida y criada dentro de la Iglesia Universal, pero nunca tuve un encuentro con Dios. En un determinado momento estaba buscando a Dios con mucho fervor y en otros momentos adoraba al diablo. Pasé por todo lo que se pueda imaginar, desde las drogas hasta la prostitución. Robé, maté, destruí hogares, en fin, sacié mi carne. Pasé por cinco relaciones frustradas llenas de traiciones, peleas y drogas. Hasta que finalmente conocí a mi actual marido y vine a vivir a Belford Roxo-RJ.
Pensé que estaba en el fin del mundo, lejos de todo, pero realmente de todo.
Desde entonces comencé a volver a la Universal y se hizo una caravana hacia el Templo de Salomón y yo fui, incluso sin condiciones y sin conocer a nadie, pues estaba en la iglesia una vez más como el creyente Raimundo (el que tiene un pie adentro y otro en el mundo).
Pero dentro de mí había un deseo de matar a aquel ser inútil y repugnante que era yo.
Allá en el Templo, Jesús me respondió: “Te traje a Belford Roxo para salvar tu vida. Respondí a tu pedido de perdón y te di nueva vida”.
Obispo, hoy soy una nueva mujer de 27 años que cada día de este Ayuno de Daniel ha sido moldeada de una manera diferente, con la Presencia del Dios que me rescató de la arena movediza.
Ayer el diablo incluso intentó hacerme desistir del ayuno, pero Jesús abrió mis ojos y mis pensamientos y pisé la cabeza del diablo con furia, pues yo, Marcele Cristina, soy una obrera escogida del Señor Jesús (aún no soy obrera pero por la fe ya me veo entrando en el infierno rescatando almas de las manos del diablo).

Gracias obispo Macedo por no decir lo que me gustaría oír, sino por enseñarme a oír aquello que necesito oír.
¡Gracias por no usar el sentimentalismo en sus palabras, que en realidad son las palabras del propio Dios!
Recibí el Espíritu Santo el 23 de septiembre de 2015 y estoy segura de eso, ¡y punto final!
Una vez más, muchas gracias obispo, que Dios lo bendiga.

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Maira M. Francisco

¡Buenas noches obispo!
¡Y qué noche!
Hoy es un día muy especial para mí. Estuve apartada de la iglesia alrededor de 4 años.
Durante ese tiempo, iba y venía. Por un momento estaba firme como una roca, mejor dicho, pensaba que lo estaba, al día siguiente ya estaba débil en la fe pues ponía a mi hija y a mi marido en el centro de mi vida.
Cuando el pastor decía en las reuniones que debíamos poner a Dios en 1° lugar, yo lo entendía, pero no lograba practicarlo.
Fue cuando decidí lanzarme en este Ayuno de Daniel viviendo cada día como si fuera el último y busqué.
Hoy, oyendo su palabra, cuando pidió que reflexionáramos sobre quién está en el trono de nuestras vidas, me fui al cuarto de mi hija, donde podía estar sola.
Solo que en el momento en el que cerré la puerta del cuarto, mi hija comenzó a llorar porque quería entrar conmigo, pero no la dejé.
Aparté ese momento solo para Dios, ella gritaba en la puerta queriendo entrar y yo de rodillas buscando a Dios. Fue cuando el Espíritu Santo tomó mi ser con una alegría, pero sin sentimiento, solo con la seguridad de que Él estaba allí consolándome y abrazándome.
Solo sé que no logré parar de llorar y reír al mismo tiempo. Allí, adorando a Dios, vi
cuánto tiempo perdí lejos de aquella presencia maravillosa. Estoy riéndome sola hasta ahora, estoy “boba”. Me siento una adolescente apasionada, no lo sé explicar.
Vi también que solo mi alma no es suficiente, quiero salvar a muchas más para el Reino de Dios.
¡Gracias obispo! Pues, a través de la dedicación que usted tiene con las almas, hoy pude renacer y conocer a este Dios tan glorioso que amo aún más.

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Adriana Ribeiro

¡Hola obispo!
Estoy aquí para hablar como no solo la oración de hoy, sino todas las demás de este Ayuno han sumado en mi vida espiritual.
Es glorioso cómo nuestro Dios habla y dirige a Su iglesia.
Obispo, en mis 18 años de iglesia, todos los propósitos han sido un ladrillo en la construcción de mi vida espiritual.
Tuve el mayor privilegio de recibir el Espíritu Santo hace 18 años, lo que superó todo conocimiento y estudio que había adquirido, y me dio una nueva visión, valores y dirección en mi vida.
En este Ayuno he pedido la renovación de mi mente y que los dones que Él ya me había proporcionado sean perfeccionados y, por encima de todo, que me dé nuevos para que pueda hacer más Su obra.
Por encima de todo estoy atenta a escuchar todo en lo que Él quiera moldearme.
En realidad, lo que he dicho es que Dios me haga pasar por un tamiz más fino para que pueda ser más pura y agradable a Sus ojos.
Y en cada oración y en cada día de esta caminata veo cambios y crecimiento delante de Él.
Y claro, ¡el gozo en el alma y el fortalecimiento es grande en cada oración!
Un enorme abrazo y vamos siguiendo en esta caminata porque los resultados están mostrando cuánta alegría ha llevado a los cielos este propósito.

Colaboró: Nubia Siqueira