¿Cuántos dedos lo están apuntando a usted?

¿Cuántos dedos lo están apuntando a usted?

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“…Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio. Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices? Más esto decían tentándole, para poder acusarle. Pero Jesús, inclinado hacia el suelo, escribía en tierra con el dedo. Y como insistieran en preguntarle, Se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella. E inclinándose de nuevo hacia el suelo, siguió escribiendo en tierra. Pero ellos, al oír esto, acusados por su conciencia, salían uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los postreros; y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio” Juan 8:4-9

Lo primero que usted tiene que entender es que siempre habrá personas para acusarlo. Usted no necesita cometer un adulterio para que eso suceda. El ser humano heredó ese hábito del propio diablo y a algunas personas les gusta juzgar tanto que, a veces, usted puede ser juzgada por el simple hecho de estar bonita.

La segunda cosa importante es que esas personas generalmente consiguen una multitud para apoyarlas en este juego de juzgar. Buscan a quienes los ayuden a señalarlo a usted. Eso les da una sensación de poder, como si fueran superiores y mejores que usted.

El tercer punto a tener en cuenta es que este tipo de personas usarán la religión para justificar su actitud; es importante señalar que esas personas son religiosas porque los que no creen en Dios, generalmente, no juzgan tanto como los que dicen creer… ¿extraño verdad?

Jesús no se juntó a ellos, ni siquiera hizo comentarios sobre lo que estaban diciendo. Muy por lo contrario, Él empezó a escribir en el suelo como si estuviera diciendo: “no me interesa”. Pero nadie entendió y seguían insistieron para que dijera algo sobre lo ocurrido… después de todo, ellos Lo estaban juzgando, y Lo estaban probando también.

Entonces, cuando Él vio que no desistirían, les hizo una pregunta… Las personas inteligentes hacen eso, ¿no es verdad? Generalmente responden con otra pregunta, es un trueque que funciona siempre. Nosotros no tenemos que responder a todas las preguntas que nos hacen.

Y, poco a poco, todos comenzaron a sentir que los dedos que apuntaban hacia la mujer se daban vuelta en su propia dirección. Entonces se fueron porque no tenían nada más que decir.

Jesús hizo otra pregunta, pero esta vez a la acusada:

“Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó?“

Probablemente ella estaba llorando desesperada, cubriendo su rosto para no ver todas las piedras que la llevarían a la muerte, pero cuando Jesús preguntó sobre los acusadores, ella levantó su rosto y no vio a nadie.

Eso es lo que Él está haciendo ahora. ¿Dónde están sus acusadores? Abra sus ojos y vea: ¡no están en ningún lugar! Y Él continuó diciendo: “Ni Yo te condeno; vete, y no peques más.”

(*) Texto retirado del blog de Cristiane Cardoso