¡Basta!

¡Basta!

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¿Hasta cuándo va a aceptar vivir esa situación de humillación? Ese no es el plan de Dios para su vida, pero decir solamente ¡basta!, tampoco es suficiente; es necesario actuar la fe y provocar el milagro. Cuando la persona está indignada  o se subleva contra la situación, esto la impulsa  a una actitud, las palabras no alcanzan.

Si usted quiere ponerle fin al sufrimiento, colocar un punto final, haga algo al respecto y no se quede con los brazos cruzados esperando ver algo. Sea una persona indignada contra el mal, pero que no sea de la boca para afuera. Los valientes jamás retroceden, sus ojos solo ven el blanco. Termine con la vergüenza, la humillación, la miseria, la familia destruida, la vida sentimental trabada, ¡basta!

¿Sabe usted cuándo fue que Ana le puso fin a la humillación que vivía? Cuando se indignó, dejó de llorar e hizo algo para llamar la atención de Dios. Entonces sí, Él la bendijo y le dio al hijo tan deseado: Samuel.

Texto extraído del blog de Tania Rubim.

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